A fines del siglo XIX, el
papa León XIII se encontró frente a una sociedad profundamente transformada por
la industrialización. El crecimiento de las fábricas, las nuevas formas de
trabajo y las desigualdades sociales planteaban problemas que ya no podían ser
ignorados. La primera encíclica social de la Iglesia, Rerum novarum,
publicada en 1891, colocó en el centro de la reflexión la dignidad del
trabajador, el valor del trabajo, la propiedad y las responsabilidades de los
distintos actores de la sociedad.
Aquella preocupación
partía de una cuestión fundamental: la economía no podía separarse de la
realidad humana que le da sentido. Las estructuras económicas debían ser
consideradas a partir de sus consecuencias sobre las personas y, especialmente,
sobre quienes quedaban en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Más de un siglo después,
la sociedad atraviesa otra transformación de enorme magnitud. La diferencia es
que hoy disponemos de instrumentos que permiten observar la realidad con una
precisión que León XIII no podía imaginar: inteligencia artificial, grandes
bases de datos, sensores y sistemas nanotecnológicos. Este cambio tecnológico
abre una posibilidad nueva: pasar de una economía que observa principalmente
grandes agregados a otra capaz de aproximarse a la realidad concreta de cada
individuo.
¿Cómo construir una
sociedad en la que la economía esté al servicio de las personas y no las
personas al servicio de la economía?
El nuevo enfoque distingue
dos aproximaciones complementarias. Una procura comprender el comportamiento
económico de las personas; la otra busca identificar sus necesidades y
encontrar respuestas para ellas. La primera se apoya fundamentalmente en el
saber; la segunda incorpora el saber hacer. Comprender cómo funciona la
sociedad y actuar sobre sus necesidades no son caminos opuestos: se necesitan
mutuamente. La elección del término nanoeconomía no es casual. La
nanotecnología trabaja en escalas extremadamente pequeñas y permite estudiar y
manipular la materia átomo por átomo y molécula por molécula. Una nanopartícula
de apenas un nanómetro (10⁻⁹ metros) puede ser estudiada
mediante técnicas capaces de revelar su estructura con un nivel de detalle
extraordinario.
La analogía económica
surge de allí: si la nanotecnología permite aproximarnos a la materia hasta sus
componentes fundamentales, la nanoeconomía propone aproximarnos a la sociedad
hasta sus unidades fundamentales: las personas y sus necesidades concretas. Una
sociedad suele ser representada mediante grandes números: producto bruto,
inflación, empleo, salarios, consumo, pobreza. Esos indicadores son necesarios,
pero un promedio nunca puede mostrar completamente la situación de cada
individuo.
Detrás de una cifra
existen personas con diferentes ingresos, viviendas, familias, necesidades de
transporte, alimentación, educación, atención sanitaria, capacitación y
posibilidades de desarrollo.
Una ley puede considerar a
una parte importante de la población y, al mismo tiempo, no contemplar las
circunstancias particulares de otra parte, dejándola librada a su suerte. Aquí
aparece el vínculo más profundo con la propuesta de León XIII. Su preocupación
social surgió de la necesidad de que las transformaciones económicas no
olvidaran al ser humano. La nanoeconomía retoma esa preocupación desde las
posibilidades tecnológicas del siglo XXI: conocer con mayor precisión a quién
afecta una decisión, qué necesita y qué consecuencias puede producir una
determinada respuesta económica.
La pregunta, entonces, es
por qué tantas necesidades permanecen fuera de nuestra mirada. Cuando
utilizamos un microscopio, seleccionamos el aumento de acuerdo con aquello que
queremos observar. Si observamos únicamente desde muy lejos, determinados
fenómenos desaparecen de nuestro campo de visión. Algo semejante puede ocurrir
con la economía.
Durante mucho tiempo
construimos la mirada desde arriba hacia abajo: macroeconomía, microeconomía y,
finalmente, el individuo. La nanoeconomía propone invertir esa mirada. Comienza
por las necesidades de las personas y de su grupo familiar para construir, a
partir de allí, una microeconomía y una macroeconomía capaces de representar
con mayor fidelidad la realidad de la sociedad.
La economía global puede
decir cuánto produce una sociedad, cuánto consume o cuál es su nivel de empleo.
La nanoeconomía agregaría otra pregunta: ¿qué necesita cada persona para vivir dignamente
y cómo se relacionan esas necesidades individuales con la realidad económica
general?
La inteligencia artificial
puede procesar millones de datos. La nanotecnología puede estudiar fenómenos en
escalas extremadamente pequeñas. Las nuevas tecnologías permiten reunir,
relacionar y analizar información que anteriormente se encontraba dispersa.
Pero acumular datos no significa comprender automáticamente la realidad humana.
El verdadero cambio estaría en utilizar esas capacidades para conocer aquello que
en los grandes números pasa desapercibido.
La nanoeconomía no
comienza solamente preguntando cuánto produce una sociedad. Pregunta también
qué necesita, quiénes tienen esas necesidades, cuáles permanecen desatendidas y
cómo pueden resolverse sin trasladar el problema a otros sectores.
En este sentido, el puente
entre León XIII y la nanoeconomía no está en que ambos planteen las mismas
soluciones. Las épocas, los problemas y las herramientas son diferentes. El
vínculo está en una preocupación común: que la organización económica no pierda
de vista al ser humano. León XIII planteó esa
preocupación en plena revolución industrial. La nanoeconomía la retoma en plena
revolución tecnológica. La diferencia fundamental es que hoy disponemos de
instrumentos capaces de acercarnos a la realidad social con una precisión
inédita. Podemos conocer más, relacionar más información y anticipar con mayor
detalle las consecuencias de determinadas decisiones.
Una sociedad no necesita
necesariamente una nueva ley para cada problema. Necesita identificar primero
cuáles son sus problemas, quiénes los padecen, cómo se distribuyen y qué
consecuencias puede producir cada decisión. Porque cuando se legisla sin observar
la diversidad de la sociedad, una solución diseñada para algunos puede
convertirse en una dificultad para otros.
La nanoeconomía plantea
así una inversión de la mirada: no comenzar por la norma para adaptar a ella a
las personas, sino comenzar por las personas para construir respuestas
adecuadas a su realidad. Hacer visibles a los hasta ahora invisibles: esa es la
cuestión. Significa reconocer que una necesidad no deja de existir porque no
aparezca en una estadística, en un promedio o en una categoría administrativa.
Desde esta perspectiva, la
nanoeconomía puede considerarse heredera de la preocupación social expresada
por León XIII en Rerum novarum. No porque repita sus propuestas ni
porque pertenezca a la misma época, sino porque retoma una pregunta esencial y
la proyecta hacia las posibilidades del siglo XXI: ¿cómo lograr que la
organización económica esté verdaderamente al servicio de las personas?
Rerum novarum
surgió como una respuesta a los desafíos sociales de la revolución industrial.
La nanoeconomía puede constituir una respuesta conceptual a los desafíos
sociales de la revolución tecnológica: una economía que, antes de mirar los
grandes números, sea capaz de mirar a las personas; que antes de formular
respuestas, conozca las necesidades; y que, antes de construir nuevas normas,
haga visible a quienes esas normas deberán servir.
En ese sentido, la
nanoeconomía podría ser entendida como una especie de Rerum novarum del
siglo XXI.
Bibliografía.
León
XIII. Rerum novarum (Carta encíclica). La Santa Sede. 15/05/81.
www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
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León XIII. Rerum novarum: Encíclica sobre la cuestión obrera. Ediciones Paulinas. 1976. Buenos Aires. Argentina.
Alberto L. D’Andrea. Tiempo de Nanoeconomía. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. 16/05/2020.
www.blogger.com/u/3/blog/post/edit/5572124778189253502/6050429811326768747
Alberto L. D’Andrea. Nanoeconomía & Nanotecnología. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. 20/12/2014
www.blogger.com/u/3/blog/post/edit/5572124778189253502/8554458025742423240
Alberto L. D’Andrea. Nanoeconomía:
heredera de la Rerum novarum del papa León XIII. Magazine de Radio Antorchas.
24/09/26.
https://radioantorchas.com.ar/2026/09/24/nanoeconomia-heredera-de-la-rerum-novarum-del-papa-leon-xiii/

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