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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Nanoeconomía: Heredera de la Rerum novarum del papa León XIII

A fines del siglo XIX, el papa León XIII se encontró frente a una sociedad profundamente transformada por la industrialización. El crecimiento de las fábricas, las nuevas formas de trabajo y las desigualdades sociales planteaban problemas que ya no podían ser ignorados. La primera encíclica social de la Iglesia, Rerum novarum, publicada en 1891, colocó en el centro de la reflexión la dignidad del trabajador, el valor del trabajo, la propiedad y las responsabilidades de los distintos actores de la sociedad.
Aquella preocupación partía de una cuestión fundamental: la economía no podía separarse de la realidad humana que le da sentido. Las estructuras económicas debían ser consideradas a partir de sus consecuencias sobre las personas y, especialmente, sobre quienes quedaban en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Más de un siglo después, la sociedad atraviesa otra transformación de enorme magnitud. La diferencia es que hoy disponemos de instrumentos que permiten observar la realidad con una precisión que León XIII no podía imaginar: inteligencia artificial, grandes bases de datos, sensores y sistemas nanotecnológicos. Este cambio tecnológico abre una posibilidad nueva: pasar de una economía que observa principalmente grandes agregados a otra capaz de aproximarse a la realidad concreta de cada individuo.
¿Cómo construir una sociedad en la que la economía esté al servicio de las personas y no las personas al servicio de la economía?


Durante décadas, la economía se estructuró fundamentalmente alrededor de dos escalas: la macroeconomía, dedicada a los grandes fenómenos económicos, y la microeconomía, centrada principalmente en el comportamiento de los agentes económicos. Sin embargo, la evolución de la sociedad y de las tecnologías permite plantear un paso más: aproximarse a las necesidades de las familias y de sus integrantes para conocerlas y encontrar respuestas económicas concretas: Allí aparece la nanoeconomía.
El nuevo enfoque distingue dos aproximaciones complementarias. Una procura comprender el comportamiento económico de las personas; la otra busca identificar sus necesidades y encontrar respuestas para ellas. La primera se apoya fundamentalmente en el saber; la segunda incorpora el saber hacer. Comprender cómo funciona la sociedad y actuar sobre sus necesidades no son caminos opuestos: se necesitan mutuamente. La elección del término nanoeconomía no es casual. La nanotecnología trabaja en escalas extremadamente pequeñas y permite estudiar y manipular la materia átomo por átomo y molécula por molécula. Una nanopartícula de apenas un nanómetro (10⁻⁹ metros) puede ser estudiada mediante técnicas capaces de revelar su estructura con un nivel de detalle extraordinario.
La analogía económica surge de allí: si la nanotecnología permite aproximarnos a la materia hasta sus componentes fundamentales, la nanoeconomía propone aproximarnos a la sociedad hasta sus unidades fundamentales: las personas y sus necesidades concretas. Una sociedad suele ser representada mediante grandes números: producto bruto, inflación, empleo, salarios, consumo, pobreza. Esos indicadores son necesarios, pero un promedio nunca puede mostrar completamente la situación de cada individuo.
Detrás de una cifra existen personas con diferentes ingresos, viviendas, familias, necesidades de transporte, alimentación, educación, atención sanitaria, capacitación y posibilidades de desarrollo.
Una ley puede considerar a una parte importante de la población y, al mismo tiempo, no contemplar las circunstancias particulares de otra parte, dejándola librada a su suerte. Aquí aparece el vínculo más profundo con la propuesta de León XIII. Su preocupación social surgió de la necesidad de que las transformaciones económicas no olvidaran al ser humano. La nanoeconomía retoma esa preocupación desde las posibilidades tecnológicas del siglo XXI: conocer con mayor precisión a quién afecta una decisión, qué necesita y qué consecuencias puede producir una determinada respuesta económica.
La pregunta, entonces, es por qué tantas necesidades permanecen fuera de nuestra mirada. Cuando utilizamos un microscopio, seleccionamos el aumento de acuerdo con aquello que queremos observar. Si observamos únicamente desde muy lejos, determinados fenómenos desaparecen de nuestro campo de visión. Algo semejante puede ocurrir con la economía.
Durante mucho tiempo construimos la mirada desde arriba hacia abajo: macroeconomía, microeconomía y, finalmente, el individuo. La nanoeconomía propone invertir esa mirada. Comienza por las necesidades de las personas y de su grupo familiar para construir, a partir de allí, una microeconomía y una macroeconomía capaces de representar con mayor fidelidad la realidad de la sociedad.
La economía global puede decir cuánto produce una sociedad, cuánto consume o cuál es su nivel de empleo. La nanoeconomía agregaría otra pregunta: ¿qué necesita cada persona para vivir dignamente y cómo se relacionan esas necesidades individuales con la realidad económica general?
La inteligencia artificial puede procesar millones de datos. La nanotecnología puede estudiar fenómenos en escalas extremadamente pequeñas. Las nuevas tecnologías permiten reunir, relacionar y analizar información que anteriormente se encontraba dispersa. Pero acumular datos no significa comprender automáticamente la realidad humana. El verdadero cambio estaría en utilizar esas capacidades para conocer aquello que en los grandes números pasa desapercibido.
La nanoeconomía no comienza solamente preguntando cuánto produce una sociedad. Pregunta también qué necesita, quiénes tienen esas necesidades, cuáles permanecen desatendidas y cómo pueden resolverse sin trasladar el problema a otros sectores.
En este sentido, el puente entre León XIII y la nanoeconomía no está en que ambos planteen las mismas soluciones. Las épocas, los problemas y las herramientas son diferentes. El vínculo está en una preocupación común: que la organización económica no pierda de vista al ser humano. León XIII planteó esa preocupación en plena revolución industrial. La nanoeconomía la retoma en plena revolución tecnológica. La diferencia fundamental es que hoy disponemos de instrumentos capaces de acercarnos a la realidad social con una precisión inédita. Podemos conocer más, relacionar más información y anticipar con mayor detalle las consecuencias de determinadas decisiones.
Una sociedad no necesita necesariamente una nueva ley para cada problema. Necesita identificar primero cuáles son sus problemas, quiénes los padecen, cómo se distribuyen y qué consecuencias puede producir cada decisión. Porque cuando se legisla sin observar la diversidad de la sociedad, una solución diseñada para algunos puede convertirse en una dificultad para otros.
La nanoeconomía plantea así una inversión de la mirada: no comenzar por la norma para adaptar a ella a las personas, sino comenzar por las personas para construir respuestas adecuadas a su realidad. Hacer visibles a los hasta ahora invisibles: esa es la cuestión. Significa reconocer que una necesidad no deja de existir porque no aparezca en una estadística, en un promedio o en una categoría administrativa.
Desde esta perspectiva, la nanoeconomía puede considerarse heredera de la preocupación social expresada por León XIII en Rerum novarum. No porque repita sus propuestas ni porque pertenezca a la misma época, sino porque retoma una pregunta esencial y la proyecta hacia las posibilidades del siglo XXI: ¿cómo lograr que la organización económica esté verdaderamente al servicio de las personas?
Rerum novarum surgió como una respuesta a los desafíos sociales de la revolución industrial. La nanoeconomía puede constituir una respuesta conceptual a los desafíos sociales de la revolución tecnológica: una economía que, antes de mirar los grandes números, sea capaz de mirar a las personas; que antes de formular respuestas, conozca las necesidades; y que, antes de construir nuevas normas, haga visible a quienes esas normas deberán servir.
En ese sentido, la nanoeconomía podría ser entendida como una especie de Rerum novarum del siglo XXI.

Bibliografía.

León XIII. Rerum novarum (Carta encíclica). La Santa Sede. 15/05/81.
www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html

León XIII. Rerum novarum: Encíclica sobre la cuestión obrera. Ediciones Paulinas. 1976. Buenos Aires. Argentina.

Alberto L. D’Andrea. Tiempo de Nanoeconomía. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. 16/05/2020.
www.blogger.com/u/3/blog/post/edit/5572124778189253502/6050429811326768747

Alberto L. D’Andrea. Nanoeconomía & Nanotecnología. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. 20/12/2014
www.blogger.com/u/3/blog/post/edit/5572124778189253502/8554458025742423240

Alberto L. D’Andrea. Nanoeconomía: heredera de la Rerum novarum del papa León XIII. Magazine de Radio Antorchas. 24/09/26.
https://radioantorchas.com.ar/2026/09/24/nanoeconomia-heredera-de-la-rerum-novarum-del-papa-leon-xiii/

miércoles, 10 de junio de 2026

El ciudadano algorítmico

Cuando la genética, la epigenética social y la inteligencia artificial convergen

Durante gran parte de la historia, las ciencias sociales explicaron el comportamiento humano a partir de factores culturales, económicos y políticos. Paralelamente, la biología destacó la influencia de la herencia genética en nuestras capacidades, predisposiciones y vulnerabilidades. Hoy, en pleno siglo XXI, emerge una tercera fuerza capaz de influir sobre nuestras decisiones cotidianas: la inteligencia artificial.
De esta convergencia surge una nueva figura conceptual: el ciudadano algorítmico, un individuo cuyas percepciones, preferencias y decisiones son el resultado de la interacción dinámica entre tres dimensiones fundamentales: la genética, la epigenética social y los sistemas de inteligencia artificial.
La gran pregunta ya no es únicamente quién gobierna ni por qué mecanismos se ejerce el poder, sino cómo estas tres fuerzas interactúan para moldear la conducta humana y redefinir la ciudadanía en la era digital.


Primera vertiente: la genética, el punto de partida biológico
Cada persona nace con un conjunto único de genes que influyen en múltiples aspectos de su vida. La genética no determina de manera absoluta quiénes somos, pero sí establece predisposiciones relacionadas con rasgos cognitivos, emocionales y conductuales.
Algunas personas poseen una mayor facilidad para determinadas habilidades intelectuales; otras presentan una predisposición biológica al estrés, la ansiedad o la búsqueda de novedades. Estas características constituyen una especie de arquitectura inicial sobre la cual se desarrolla la experiencia humana.
Sin embargo, los genes no funcionan como un destino inevitable. Son más bien un conjunto de posibilidades que interactúan permanentemente con el entorno.
 
Segunda vertiente: la epigenética social, el poder de la experiencia.
En las últimas décadas, la epigenética ha transformado nuestra comprensión de la relación entre biología y ambiente. Esta disciplina estudia cómo factores externos pueden modificar la expresión de los genes sin alterar la secuencia del ADN.
La nutrición, la educación, la contaminación ambiental, la pobreza, el estrés crónico, las relaciones familiares y las experiencias traumáticas pueden dejar huellas biológicas duraderas mediante mecanismos epigenéticos.
Por ello, algunos investigadores hablan de una epigenética social, destacando que las condiciones sociales no solo afectan nuestras oportunidades, sino también nuestra biología.
 
Un niño que crece en un entorno seguro y estimulante desarrolla patrones biológicos distintos de otro expuesto a violencia, exclusión o inseguridad económica. La sociedad, en cierto modo, deja marcas biológicas sobre los individuos.
De esta manera, la ciudadanía no se construye únicamente a partir de derechos y deberes, sino también mediante experiencias sociales capaces de influir sobre la propia expresión genética.
 
Tercera vertiente: la inteligencia artificial, el nuevo entorno cognitivo.
La inteligencia artificial introduce un fenómeno sin precedentes: por primera vez en la historia, millones de personas interactúan diariamente con sistemas capaces de aprender, predecir y adaptar mensajes de manera personalizada.
Las plataformas digitales utilizan algoritmos que seleccionan noticias, recomendaciones, contenidos audiovisuales y mensajes publicitarios en función de los datos de cada usuario. Como consecuencia, la IA se convierte en un entorno cognitivo que influye sobre la atención, las emociones y las decisiones.
A diferencia de los medios tradicionales, la IA no transmite el mismo mensaje para todos. Construye experiencias individualizadas, ajustadas a los perfiles psicológicos y comportamentales de cada persona.
Esto significa que dos ciudadanos que viven en la misma ciudad pueden habitar universos informativos completamente diferentes.
La convergencia de las tres dimensiones
El concepto de ciudadano algorítmico surge precisamente de la interacción entre estas tres capas de influencia.
La genética aporta predisposiciones biológicas iniciales.
La epigenética social modifica la forma en que esas predisposiciones se expresan a lo largo de la vida.
La inteligencia artificial actúa sobre el entorno informacional y cognitivo, influyendo en cómo las personas perciben la realidad y toman decisiones.
En este modelo, la conducta humana deja de entenderse como el resultado de una sola causa. Se convierte en el producto de una compleja red de interacciones entre biología, ambiente social y tecnologías inteligentes.
Por ejemplo, una persona con predisposición genética a la ansiedad, sometida a un contexto social estresante y expuesta continuamente a contenidos alarmistas seleccionados por algoritmos, podría experimentar efectos muy distintos de otra persona con diferente perfil biológico, social y digital.
 
Democracia y ciudadanía en la era algorítmica
La aparición del ciudadano algorítmico plantea desafíos inéditos para las democracias contemporáneas.
Los sistemas políticos tradicionales fueron diseñados para ciudadanos relativamente autónomos en la formación de sus opiniones. Sin embargo, la creciente capacidad de los algoritmos para influir sobre la atención y el comportamiento obliga a reconsiderar algunos supuestos básicos.
La cuestión central no es si la IA controla a las personas, sino cómo interactúa con predisposiciones biológicas y contextos sociales preexistentes.
La influencia algorítmica no opera sobre individuos abstractos, sino sobre seres humanos con historias biológicas y sociales particulares.
Por ello, las futuras políticas públicas podrían requerir enfoques integrados que contemplen simultáneamente la salud, la educación, la inclusión social, la protección de datos y la transparencia algorítmica.
 
Hacia una nueva comprensión del ser humano
El ciudadano algorítmico representa una de las figuras más significativas de nuestra época. No es un ser determinado exclusivamente por sus genes, ni moldeado únicamente por su entorno social, ni controlado por la inteligencia artificial.
Es el resultado de una interacción continua entre herencia biológica, experiencias sociales y sistemas inteligentes que participan cada vez más en la organización de la vida cotidiana.
Comprender esta convergencia será fundamental para diseñar sociedades más justas, democráticas y humanas. El desafío del siglo XXI no consiste solamente en desarrollar inteligencias artificiales más poderosas, sino en entender cómo estas tecnologías interactúan con nuestra biología y con las condiciones sociales que nos constituyen como ciudadanos.
En este escenario, la ciudadanía deja de ser únicamente una categoría jurídica o política para convertirse en un fenómeno biológico, social y tecnológico a la vez. Durante el siglo XX, el ciudadano fue entendido principalmente como un sujeto político y social. Durante el siglo XXI comienza a emerger el ciudadano algorítmico: un individuo cuya identidad y capacidad de decisión se configuran en la intersección entre biología heredada, experiencia social y sistemas de inteligencia artificial. El ciudadano del futuro será, inevitablemente, un ciudadano
algorítmico.

Referencias

https://radioantorchas.com.ar/2026/06/09/la-hora-de-la-politica-algoritmica/

Michel Foucault. Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979). Editorial Fondo de Cultura Económica. 2004

James H. Fowler, Laura A Baker, Christopher T Dawes Genetic variation in political participation. American Political Science Review. Cambridge University Press. 2008. Vol. 102, No 2, 233-248.

James H. Fowler, Jaime E. Settleb  and Nicholas A. Christakisc. Correlated genotypes in friendship networks. PNAS, 2011, Vol. 108, No 5, 1993–1997.

 Peter K. Hatemi y col. A Genome-Wide Analysis of Liberal and Conservative Political Attitudes. The Journal of Politics. 2011. Vol. 73, No 1, 271–285.

Alberto L. D’Andrea. Genes & Genopolítica. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. 09/02/2012.https://infobiotecnologia.blogspot.com/2012/02/genes-genopolitica.html

Alberto Luis D’Andrea. Genes & Genopolítica II. Actitud conservadora o liberal. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. 11/09/2021


sábado, 27 de noviembre de 2021

La economía de ayer, de hoy y de mañana

La globalización constituye un proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial potenciado por la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo. La convergencia tecnológica de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) ha generado un nuevo espacio social en el cual las capacidades de acción de los seres humanos se han ampliado al ser posibles las interacciones dinámicas virtuales. En el contexto descripto, las empresas TIC, en constante desarrollo, cumplen un papel preponderante en la globalización económica debido a su capacidad de integrar los mercados globales. Constituyen la tecnología central de la economía globalizada desde fines del siglo XX, es decir una economía globalizada con un motor tecnológico centrado en las TIC. A pesar de su importancia, dan respuestas concretas a una sola necesidad humana primaria: la comunicación. Las respuestas a las otras ocho necesidades humanas: salud, alimentos, energía, ambiente, vestimenta, vivienda, comunicación, transporte y defensa, requieren hoy de nuevas ciencias tecnologías integradas capaces de transformar la naturaleza: la nanotecnología y la biotecnología. 

La integración de las TIC con la nano y biotecnología producen una sinergia con crecimiento exponencial que, entre otras, permite avanzar hacia la comprensión de la cognociencia y sus aplicaciones: la cognotecnología. Aparece entonces a principio del siglo XXI una segunda y más integradora convergencia tecnológica, la de las NBIC (Nano, Bio, Info y Cognotecnologías). Las NBIC inician la transformación, el paso de la sociedad de la información hacia una sociedad multidireccional tendiente a dar respuestas integrales a todas las necesidades de los 7.800 habitantes del planeta. Esto implica pasar de la economía globalizada de las TIC responsable que hoy tengamos un planeta sin rumbo en lo económico y ambiental, por no haber considerado todas las necesidades de los humanos ni las leyes de la naturaleza, a una economía convergente centrada en las potentes respuestas que pueden brindar las NBIC a las problemáticas actuales y futuras.

Así como los primeros 30 años del siglo XX la Teoría Cuántica (Mark Planck 1900), el modelo atómico de Niels Bohr (1913) y el modelo atómico probabilístico (Erwin Schrödinger, 1926) sentaron las bases para un formidable crecimiento científico-tecnológico; en los primeros años del siglo XXI la convergencia de la nano, la bio y la infotecnología permitirán en la segunda mitad del siglo XXI ingresar a la era de la cognotecnología y resolver las preguntas: ¿mortales o inmortales?, ¿hombres y/o robots?

Ante el alerta roja de organismos internacionales por la problemática ambiental, tal vez indicadores como la proximidad a la “carga máxima de habitantes en la tierra” (10 mil millones), el aumento de la temperatura del planeta, la falta de agua-desertización, incendios forestales y pandemias cada vez con mayor frecuencia e intensidad, etc., estén anunciado la imposibilidad futura de la vida celular en el planeta. En tal contexto el avance de los cerebros similares basados en nanochips neurosinápticos y memristores, entre otros, y de los dos proyectos vinculados al mapeo y comprensión del cerebro humano (Human Brain Project-Europa y el Brain Activity Map-EE.UU) nos permitan, ante el momento tan temido del fin de las condiciones para la vida celular en el planeta, pasar nuestro software-mente a robots. Es decir convertirnos de humanos-celulares-mortales a humanos-robotizados-inmortales.   

El fin de era celular implicaría una nueva perspectiva económica sin necesidad de  todo lo relacionado con lo biológico, desde el dióxido de carbono y el agua (fotosíntesis), el oxígeno y los genes hasta los alimentos, la bioquímica y la medicina. Una economía centrada en una tercera convergencia correctiva de la segunda: una economía tecnológica sin bio, la economía NIC (Nano, Info y Cognotecnologías).  

Información Complementaria: La Convergencia de las Tecnologías Exponenciales y la Singularidad Tecnológica.