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viernes, 19 de junio de 2026

Del vacío a la mente: el universo como proceso de codificación de la energía.

El origen puede pensarse como un tránsito desde lo indeterminado hacia la forma. No como una nada absoluta, sino como un estado de potencialidad pura, donde todavía no hay diferenciación pero sí posibilidad de todo devenir. Ese umbral inicial puede ser nombrado como cero, no en sentido de ausencia, sino como totalidad no desplegada, como un campo latente de configuración. Desde allí, la emergencia de la primera estructura estable puede entenderse como un quiebre de esa indeterminación: el surgimiento del uno como principio de organización, como primer gesto de orden en el flujo indiferenciado de lo posible.
En la tradición pitagórica1, esa intuición adopta la forma de la mónada, entendida como unidad originaria a partir de la cual lo cuantificable se vuelve posible. El uno no es simplemente un número, sino el primer principio de inteligibilidad del ser, la primera cristalización de lo que antes era puro potencial. En ese sentido, la realidad no “empieza” como objeto, sino como organización: como ritmo, como estructura, como patrón que se estabiliza en el seno de lo indeterminado.
Si este principio se desplaza hacia el plano de lo vivo y lo cognitivo, el cerebro aparece como una continuidad sofisticada de ese mismo proceso de organización. Karl Friston2, a través del principio de energía libre, propone que el cerebro no es un receptor pasivo del mundo, sino un sistema activo de inferencia que construye modelos internos para reducir la incertidumbre. Percibir no es registrar, sino anticipar; vivir no es reaccionar, sino predecir y corregir continuamente la diferencia entre lo esperado y lo real. El cerebro, en este sentido, no busca la verdad como correspondencia estática, sino la estabilidad dinámica que le permite persistir como sistema.
Desde esta perspectiva, toda actividad mental puede comprenderse como una variación de un mismo gesto fundamental: la minimización de la sorpresa, la reducción de la incertidumbre, la organización continua del flujo energético en patrones coherentes de información. La vida, entonces, no es un estado pasivo de equilibrio, sino una tensión activa sostenida lejos del equilibrio, donde la forma se preserva precisamente porque se reorganiza sin cesar.


En una dirección convergente, en el libro La convergencia de las tecnologías exponenciales & la singularidad tecnológica3, planteamos que el ser humano no puede reducirse a su soporte biológico, sino que debe entenderse como un proceso de codificación creciente de la energía, originado en la evolución cósmica que se inicia con el Big Bang. En esta lectura, la mente no es un accidente local de la materia, sino una expresión avanzada de una trayectoria universal de complejificación, donde la energía se organiza progresivamente en niveles cada vez más densos de información y estructura.
En el artículo: Cerebro, energía libre y electromagnetismo: hacia una nanopsicología integrada4,5, se profundiza esta idea al proponer al cerebro como un sistema dinámico, predictivo y multiescalar, donde la mente emerge no solo de la actividad neuronal, sino de la interacción continua entre materia, energía e información. El cerebro deja así de ser un órgano cerrado para convertirse en un nodo de interacción, un sistema abierto donde múltiples escalas de organización se entrelazan en una misma dinámica de producción de sentido.
Al integrar estas perspectivas, lo que emerge no es una suma de teorías, sino una continuidad conceptual: desde el vacío entendido como potencial indiferenciado, pasando por la aparición del uno como primer principio de orden, hasta el cerebro como una de las formas más complejas de autoorganización de la energía. En este recorrido, la materia no es opuesta a la energía, ni la energía a la información: son dimensiones de un mismo proceso de estructuración progresiva del ser.
El cerebro, en este marco, puede ser comprendido como la materialización más refinada de la energía organizada en forma de información. No como un receptor del mundo, sino como una instancia activa de producción de mundo. Y la mente, lejos de ser una entidad separada o inmaterial, aparece como el modo en que esa organización alcanza un grado de complejidad tal que se vuelve capaz de reconocerse a sí misma en el flujo electromagnético que la constituye.

Bibliografía

1) D’Andrea Alberto L. (2022). La numerología pitagórica, los quarks y el nanocosmos. Biotecnología & Nanotecnología al Instante.
https://infobiotecnologia.blogspot.com/2022/05/la-numerologia-pitagorica-los-quarks-y.html

2) Friston, Karl. (2010). The free-energy principle: a unified brain theory? Nature Reviews Neuroscience, 11(2), 127–138. https://doi.org/10.1038/nrn2787

3) D’Andrea, Alberto L. y col. (2017). La convergencia de las tecnologías exponenciales & la singularidad tecnológica. Editorial TEMAS. Argentina.

4) D’Andrea, Alberto L. (2026). Cerebro, energía libre y electromagnetismo: hacia una nanopsicología integrada. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. https://infobiotecnologia.blogspot.com/2026/05/cerebro-energia-libre-y.html

5) D’Andrea, Alberto L. (2026). Nanopsicología. La psicología del siglo XXI. Editorial de  Autores de Argentina. 


viernes, 23 de enero de 2026

Del ion al amor: correlatos electromagnéticos de la mente

La actividad eléctrica del cerebro se origina en el movimiento de iones (potasio, sodio, calcio y cloruro) a través de las membranas neuronales, dando lugar a patrones dinámicos de activación en las redes conformadas por las neuronas. Estas dinámicas iónicas generan campos eléctricos y magnéticos que algunos enfoques teóricos vinculan con una posible naturaleza electromagnética de la mente.
Si bien el cerebro no funciona como un sistema de comunicación inalámbrica, sus campos electromagnéticos pueden ser registrados y analizados mediante técnicas como la magnetoencefalografía, una técnica de neuroimagen no invasiva que permite medir los campos magnéticos extremadamente débiles producidos por la actividad eléctrica cerebral, en particular por la activación sincrónica de poblaciones neuronales corticales.


Los campos magnéticos se miden en tesla (T), una unidad del Sistema Internacional que cuantifica la densidad de flujo magnético o inducción magnética, es decir, la intensidad de un campo magnético. Como referencia, el campo magnético terrestre es del orden de 5 × 10⁻⁵ T. Esta técnica es capaz de realizar mediciones del campo magnético cerebral que oscilan entre 10⁻15 T y 10⁻¹² T, proporcionando una resolución temporal muy precisa de la sincronización de la actividad neuronal.
Gracias a su elevada resolución temporal, del orden de los milisegundos, la magnetoencefalografía posibilita el estudio de la dinámica cerebral en tiempo real y el análisis de patrones de actividad a distintos niveles de organización, desde ritmos oscilatorios hasta redes neuronales distribuidas. A partir de estos registros, el uso de técnicas de machine learning permite reconocer patrones de actividad cerebral asociados a estados cognitivos y funcionales particulares, como la atención, la memoria de trabajo o, de manera más compleja, componentes emocionales y motivacionales vinculados a experiencias afectivas como el amor.
Si el amor puede asociarse a patrones electromagnéticos medibles originados en el movimiento de iones a través de las membranas neuronales, el verdadero desafío no es solo detectarlos con tecnología cada vez más precisa, sino comprender cómo de esos campos eletromagnéticos emerge una experiencia que nos transforma y da sentido a la vida.
Lectura complementaria

domingo, 22 de junio de 2025

El secreto electromagnético de la consciencia.

Durante décadas, la neurociencia ha considerado a las neuronas (diminutas células que disparan impulsos eléctricos) como las únicas protagonistas en la compleja trama de la mente. La percepción, la memoria, la cognición e incluso la consciencia han sido interpretadas como el resultado de complejos patrones de activación sináptica, también conocidos como el “código neuronal”. Sin embargo, una nueva línea de investigación, aún emergente pero creciente, sugiere que lo esencial podría estar pasando desapercibido: la consciencia podría no estar contenida en los picos eléctricos de las neuronas, sino en los campos electromagnéticos que estos generan a su alrededor. 

Uno de los principales exponentes de esta visión es Tamlyn Hunt, investigador de la Universidad de California en Santa Bárbara, quien lleva años explorando la posibilidad de que los efectos electromagnéticos (efecto efáptico: comunicación entre células nerviosas sin una conexión sináptica directa) desempeñen un papel más determinante que las propias sinapsis en la actividad mental. Estos efectos surgen de los campos eléctricos variables generados por las neuronas activas y pueden influir en la excitabilidad de otras neuronas vecinas, incluso sin contacto directo. En otras palabras, las neuronas podrían estar "hablando" entre sí a través del aire, en una suerte de comunicación invisible y no lineal. Este tipo de interacción, denominada acoplamiento efáptico, abre una puerta radicalmente nueva a la comprensión del cerebro. Lo notable es que estas influencias efápticas no son simples residuos eléctricos, sino fuerzas activas que podrían estar organizando y coordinando la actividad mental a gran velocidad. 


El legendario neurocientífico Walter Freeman ya anticipaba este giro conceptual en 2006, al sostener que las velocidades observadas en procesos cognitivos no podían explicarse únicamente mediante el modelo sináptico. La nueva evidencia sobre campos efápticos parece darle la razón póstumamente. Estamos así ante un posible cambio de paradigma. Si los campos eléctricos del cerebro son, en realidad, el soporte último de la consciencia, entonces debemos reformular la manera en que entendemos el pensamiento, la percepción y la subjetividad. Este cambio no solo tendría implicancias científicas, sino filosóficas, éticas y tecnológicas. La consciencia, esa presencia escurridiza que nos permite saber que existimos, podría no residir exclusivamente en las conexiones sinápticas, sino en una danza sutil e invisible de campos que se mueven entre neuronas, como susurros eléctricos que viajan más allá del contacto. Si la consciencia no reside en un punto fijo del cerebro, sino que emerge de campos eléctricos efímeros, entonces quizá debamos repensar no solo lo que somos, sino cómo somos. Ya no bastaría con imaginar a la mente como un engranaje biológico ni como un procesador mecánico de estímulos.

La antigua distinción entre cuerpo y alma podría reencontrarse, no en lo sobrenatural, sino en lo invisible de lo físico: un campo eléctrico, una resonancia, una sutil sincronía. Si nuestros pensamientos viajan más allá de la sinapsis, si nuestras emociones resuenan en campos efápticos, ¿no seremos entonces, en parte, un fenómeno del espacio que nos habita tanto como del cuerpo que nos contiene?

Bibliografía

Tamlyn, Hunt (2024) Consciousness Might Hide in Our Brain’s Electric Fields. Scientific American. Vol. 34 No. 3s , p. 22.
McFadden, Johnjoe (2020). Integrating information in the brain’s EM field: the cemi field theory of consciousness. Neuroscience of Consciousness, 2020, 1, niaa016.

domingo, 14 de mayo de 2023

Hombre virtual & Hombre robotizado. Ambos inmortales

                             Prof. Dr. Alberto L. D’Andrea. Director de Nanotecnología                                y nuevas tecnologías. Universidad CAECE.

Pasaron 17 años desde el 2006 cuando Ramil Ramzievich Garifullin, al exponer sobre nanopsicología dijo: “...en un tiempo no muy lejano las señales del cerebro se han de transmitir directamente a través de las redes. Una sociedad abierta desde el punto de vista cerebral”. Recientemente (2022) Michio Kaku agrega: “Digitalizaremos la conciencia humana y recorreremos el universo a la velocidad de la luz”, finalmente en el presente año el científico hindú de Silicon Valley, Prateek Desai, asevera: “Los humanos podrán subir su conciencia a un ordenador a finales del año 2023”. En el lapso citado no todo se orienta hacia un hombre virtual inmortal, en el año 2017 el Dr Brian Cox expresa: “Los humanos cargarán sus cerebros a los robots para inmortalizarlos antes de lo que crees” marcando un camino hacia el hombre robotizado inmortal. Las afirmaciones citadas, seleccionadas entre muchas otras, se fundamentan, por un lado, en aspectos vinculados con el conocimiento de la estructura funcional del cerebro a través de los proyectos Human Brain Proyect (Unión Europea) y el Brain Activity Map (EE.UU) y con la posibilidad de hacer un cerebro cuasi similar al humano a partir de los sorprendentes avances de la nanotecnología: nanochips neuromóficos, menristores, nanorrobots y nanochips reconfigurables; cerrando un circulo virtuoso para el paso del “software-mente” (copia digital de la mente) del humano a un cerebro artificial ubicado en un robot. La otra línea de trabajo está basada sobre cómo incluir las características vinculadas con el comportamiento, con lo que se piensa y con lo que se siente en sistemas de IA como el ChatGPT (archivos, videos, grabaciones de voz, documentos, fotos,...). Aspectos no estructurales relacionados con la personalidad, conducentes a un humano virtual inmortalizado en una notebook. 
Figura 1. Hombre virtual & Hombre robotizado. Ambos inmortales.
En la Figura 1 se trata de hacer una sinopsis sobre los caminos conducentes a la inmortalidad. Un aspecto central es el vinculado a la toma de la conciencia. Ambas líneas generan una conciencia concebida, tal como lo dijera Erwin Schrödinger, (Nobel por modelo atómico probabilístico) como “la mente que alguna vez haya dicho o sentido el yo”. Se distinguen dos vías para lograrlo, una de ella, intrínseca, implica poder comunicarse directamente con el cerebro para introducir su software-mente en un cerebro artificial. Se cita como ejemplo en esta dirección a DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency, del Departamento de Defensa de Estados Unidos). Una agencia que actualmente financia seis grupos internacionales relacionados con la comunicación inalámbrica cerebro-ordenador basadas en distintos principios físicos y nanotecnológicos. La vía extrínseca se centra en incorporar aspectos de la personalidad en sistemas de IA como el ChatGPT para lograr la apariencia, la voz y la conciencia del ser humano, con capacidad de pensar, sentir y experimentar la realidad de la misma manera y poder vivir eternamente en un entorno virtual. Seguramente ambas líneas harán simbiosis y crecerán con retroalimentación integrada. 
La Nanotecnología y la IA están brindando las bases para una nueva convergencia tecnológica, la tercera (NIC), que promete un humano virtual inmortal a fines del 2023 y un humano robotizado inmortal antes de mitad del siglo XXI.

Bibliografía

Garifullin R.R. Nanopsychology as a New Science. Nanophilosophy as a New World-View, in Man in the Face of Global Challenge, Philosophical Society of Tatarstan. Kazan, 2006, páginas 101–106.

D’Andrea, Alberto Luis. Hombres y/o robots (Capítulo 8). La Convergencia de las Tecnologías Exponenciales y la Singularidad Tecnológica. Editorial Temas, Buenos Aires. 2017.

Erwin Schrödinger. ¿Qué es la vida? Editorial Espasa-Calpe. 1947. Buenos Aires. Argentina.

sábado, 23 de abril de 2022

¿Qué es la vida? Conversando con Erwin Schrödinger

Definir la vida de modo satisfactorio ha sido durante mucho tiempo más una preocupación de los filósofos que de los científicos. No obstante existen científicos con interesantes inquietudes filosóficas. Uno de ellos es el académico Alexander Oparin quién en el libro El Origen y la Evolución de la Vida ha dado un enfoque químico objetivo al planteo: “...en los cuerpos vivos varias decenas, y aún centenas de millares de reacciones químicas individuales, cuyo conjunto constituye el metabolismo, son estrictamente coordinadas en el tiempo y en el espacio, y se combinan según un orden unificado de autorrenovación continua”. Otro ha sido el físico Erwin Schrödinger. En su pequeño libro titulado ¿Qué es la vida? (1944) avanza sobre aspectos físicos: ¿Viola la vida las leyes de la física? ¿Faltan aún leyes en la física, precisamente las necesarias para describir la vida? ¿Qué caracteriza al ser vivo?
¿Qué es la vida? Es la pregunta primera, fundamental de nues-tra existencia, una pregunta simple pero siempre motivo de interminables polémicas. La intención del Premio Nobel Erwin Schrödinger al escribir este libro es doble: por una parte, apunta hacia un fin científico, procura acercar el concepto de orden termo- dinámico de la función entropía (Segunda Ley de la Termo-dinámica) al de complejidad biológica. La otra parte centrada en la existencia de la conciencia aparece en el Epílogo. La entropía (del griego ἐντροπία, evolución o trans-formación) es una magnitud física que permite “conocer” la energía incapaz de producir movimiento (trabajo), o sea, la energía no aprovechada o perdida. En general cualquier proceso natural implica un aumento de la entropía del universo tendiente a producir mayor desorden o, con más precisión, el aumento de los grados de libertad independientes de un sistema, algo tendiente en el tiempo a un inevitable y caótico final. La vida constituye una excepción, la organización de millones componentes químicos y de millones de células ubican al ser humano en el culmen del orden. Nuestros cuerpos, pensamientos y actos tienden al orden. No obstante el balance es desventajoso: cada vez que un ser humano mantiene su orden es a costa de un desorden mayor en alguna otra parte. La función de estado entropía del universo aumenta cuando algo ocurre y por lo ende tendrá signo positivo. A su vez la entropía de universo es la suma de la del sistema más la de su medio o alrededores. Entonces si un fenómeno ocurre y el sistema en consideración (nosotros) se mantiene ordenado (entropía negativa) el medio debe desordenarse lo suficiente para hacer la suma de ambas, la del universo, positiva. El ser vivo debe de mantener baja su entropía para poder vivir en un universo tendiente al “desorden” entrópico.
Eric D. Schneider y Dorion Sahan, en el libro La termodinámica de la vida hablan de la “paradoja de Schrödinger” quién se preguntó: ¿Cómo consigue un organismo vivo concentrar una corriente de orden en sí mismo y escapar así de la desorganización del caos atómico prescripto por la Segunda Ley de la Termodinámica? Erwin Schrödinger buscaba nuevos conceptos para conciliar la teoría termodinámica con los hechos de la biología. Tal vez orden no sea el término más adecuado, es mejor la palabra organización, los organismos vivos se organizan para vivir, reproducirse y mantenerse. Dicho de otro modo, los organismos se organizan para resistirse al equilibrio termodinámico, manteniendo su organización interna a expensas de la organización en su exterior.
Schrödinger esbozó dos programas de investigación ineludibles para la biología. El primero centrado en la idea del “orden a partir del orden” vinculado a la indagación sobre cómo se implantaba la herencia en el material genético transferido de un organismo a otro. Pregunta motivante para los investigadores y conducente en última instancia al descubrimiento de la estructura y función del ADN. Decía: “Puede que la vida sea una conjunción de genética almacenadora de información y de termodinámica transformadora de energía”. Su segundo plan a largo plazo se trató de investigar “el orden a partir del desorden” para abordar la aparente inobservancia de la Segunda Ley de la Termodinámica por la vida. La solución esbozada por él a su pregunta paradojal ha sido que los organismos no desobedecen a la Ley porque ésta, tal como se la formuló, se ha aplicado más a sistemas aislados que a sistemas abiertos (seres vivos). Es así como en el tiempo ha aparecido la termodinámica de la vida, una subdisciplina de la termodinámica del no equilibrio. La complejidad biológica en cuanto al flujo de la información genética dista mucho hoy de la atesorada en 1944 cuando Schrödinger ha presentado su libro. Recién el 25 de abril del año 1953 se ha publicado en la revista Nature la estructura molecular del ADN, la compleja molécula en la que se condensa la vida, constituyente del material hereditario, capaz de codificar la información genética necesaria para el desarrollo de un organismo complejo. Es en la complejidad cuando desaparece la paradoja de Schrödinger, al considerar el contexto de los sistemas complejos, incluidos los organismos. Estos no son sistemas aislados, se alimentan de la organización externa rica en energía y de los gradientes existentes en su entorno. En la termodinámica de los sistemas abiertos, Lars Onsager, establece que la producción de entropía total de un sistema debida a los flujos materiales y energéticos alcanza un mínimo en el estado estacionario de no equilibrio.
Finalmente, en el Epílogo de ¿Qué es la vida? encara el tema de la mente en función de dos premisas vinculadas:
“I) Mi cuerpo funciona como un mecanismo puro que sigue las leyes de la Naturaleza. II) Sin embargo, mediante experiencia directa incontrovertible, sé que estoy dirigiendo sus movimientos, cuyos efectos preveo y cuyas consecuencias pueden ser fatales y de máxima importancia, caso en el cual me siento y me hago enteramente responsable de ellas.”
De ambas saca una interesante conclusión “...es que yo (es decir yo en el sentido más amplio de la palabra, o sea, toda mente consciente que alguna vez haya dicho o sentido el Yo) soy la persona, si es que existe alguna, que controla el movimiento de los átomos, de acuerdo con las leyes de la Naturaleza”. Conclusión considerada blasfema y extravagante por la religión debido a la concepción de un hombre todopoderoso, un dios termodinámico con facultad para manejar-controlar la naturaleza...
Con el nacimiento de ciencias-tecnologías integradas como la Nanotecnología (1974), capaz de transformar la naturaleza debido a su capacidad de innovar haciendo construcciones con átomos y moléculas, aparece una perspectiva más inquietante: además de manejar la naturaleza ahora se la puede transformar.
Erwin Schrödinger, usted ha tenido razón, nuestra mente consciente puede manejar átomos y moléculas incluso para intentar sobrevivir e inmortalizarse, por ejemplo, a través de su incorporación en cerebros artificiales colocados en robots. En definitiva, ¿qué es lo más trascendente del ser humano? Su carne, sus huesos, sus genes o su mente, esa energía en codificación creciente originada en el Big Bang.

Alberto L. D'Andrea

Bibliografía
El origen y la evolución de la vida. Alexander Oparin. Ediciones Curie. 1968. Buenos Aires. Argentina.
¿Qué es la vida? Erwin Schrödinger. Editorial Espasa-Calpe. 1947. Buenos Aires. Argentina.
La termodinámica de la vida. Eric D. Schneider y Dorion Sagan. Tusquets Editores. 2008. Barcelona. España.
La convergencia de las tecnologías exponenciales & la singularidad tecnológica. Alberto L. D’Andrea (coordinador). Editorial TEMAS. 2017. Buenos Aires. Argentina.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Nanotecnología para comprender la mente.

Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies es un ambicioso proyecto científico de los EEUU apoyado por el presidente Obama inicialmente con 100 millones de dólares para el año 2014.  El objetivo del proyecto consiste en desentrañar  el comportamiento neuronal del cerebro  vinculado con las emociones, los recuerdos, las acciones y la conciencia. Para entender estos fenómenos complejos la nanotecnología jugará un papel crucial  "El cerebro siempre ha sido nano", dice Paul Weiss, científico en la Universidad de California, Los Angeles, uno de los impulsores originales del proyecto. Los 89.000 millones de neuronas que aloja nuestro cráneo y los 100 billones de conexiones que las unen hacen que las mediciones a tamaño nanométrico sean absolutamente imprescindibles aunque muchas de las herramientas nano necesarias para investigar el cerebro aun estén en vía de desarrollo. Las mediciones actuales basadas en sensores micro sólo dan valores promedio. La Nanotecnologia permitiría, entre otra cosas, reemplazar las matrices con los 64 electrodos de la tecnología actual por  matrices de 100.000 o más nanoelectrodos estratégicamente ubicados para captar las señales de las neuronas individuales y además, debido a  alteraciones en la superficie de los nanoelectrodos, recoger información sobre  los cambios químicos en el cerebro vinculados a los 100 neurotransmisores (pequeñas moléculas que llevan señales entre las neuronas) conocidos. Algunos científicos del proyecto  quieren ir más allá de la lectura de lo que ocurre en el cerebro durante ciertas actividades,  pretenden avanzar hasta el punto en el que sea posible estimular el cerebro y luego leer su respuesta. Rafael Yuste, neurocientífico de la Universidad de Columbia, Nueva York, dice  "... claro es que la nanotecnología será la única manera de obtener una imagen nítida de cómo funciona el cerebro. Con ese conocimiento, nuevas terapias y medicamentos serán más fáciles de desarrollar y el cerebro humano podría empezar a ser mucho menos  enigmático”. La confluencia de la neurociencia con la nanotecnologia, inmersa en el avance de las tecnologías convergentes (NBIC: nano, bio, info y cogno), nos dará las herramientas para entender la mente humana e iniciar un nuevo camino con las otras (info y bio) tendiente a  procesar la información y reproducir-generar  circuitos neuronales “in vitro e in vivo”...; todo un desafío para nuestra imaginación.

Lectura complementaria.