viernes, 23 de enero de 2026

Correlatos electromagnéticos de la mente. Los iones del amor

La actividad eléctrica del cerebro se origina en el movimiento de iones (sodio y potasio) a través de las membranas neuronales, dando lugar a patrones dinámicos de activación en las redes conformadas por las neuronas. Estas dinámicas iónicas generan campos eléctricos y magnéticos que algunos enfoques teóricos vinculan con una posible naturaleza electromagnética de la mente.
Si bien el cerebro no funciona como un sistema de comunicación inalámbrica, sus campos electromagnéticos pueden ser registrados y analizados mediante técnicas como la magnetoencefalografía, una técnica de neuroimagen no invasiva que permite medir los campos magnéticos extremadamente débiles producidos por la actividad eléctrica cerebral, en particular por la activación sincrónica de poblaciones neuronales corticales.


Los campos magnéticos se miden en tesla (T), una unidad del Sistema Internacional que cuantifica la densidad de flujo magnético o inducción magnética, es decir, la intensidad de un campo magnético. Como referencia, el campo magnético terrestre es del orden de 5 × 10⁵ T. Esta técnica es capaz de realizar mediciones del campo magnético cerebral que oscilan entre 10⁻15 T y 10¹² T, proporcionando una resolución temporal muy precisa de la sincronización de la actividad neuronal.
Gracias a su elevada resolución temporal, del orden de los milisegundos, la magnetoencefalografía posibilita el estudio de la dinámica cerebral en tiempo real y el análisis de patrones de actividad a distintos niveles de organización, desde ritmos oscilatorios hasta redes neuronales distribuidas. A partir de estos registros, el uso de técnicas de machine learning permite reconocer patrones de actividad cerebral asociados a estados cognitivos y funcionales particulares, como la atención, la memoria de trabajo o, de manera más compleja, componentes emocionales y motivacionales vinculados a experiencias afectivas como el amor.
Si el amor puede asociarse a patrones electromagnéticos medibles originados en el movimiento de iones a través de las membranas neuronales, el verdadero desafío no es solo detectarlos con tecnología cada vez más precisa, sino comprender cómo de esos campos eletromagnéticos emerge una experiencia que nos transforma y da sentido a la vida.
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