La
actividad eléctrica del cerebro se origina en el movimiento de iones (sodio y
potasio) a través de las membranas neuronales, dando lugar a patrones dinámicos
de activación en las redes conformadas por las neuronas. Estas dinámicas
iónicas generan campos eléctricos y magnéticos que algunos enfoques teóricos
vinculan con una posible naturaleza electromagnética de la mente.
Si
bien el cerebro no funciona como un sistema de comunicación inalámbrica, sus
campos electromagnéticos pueden ser registrados y analizados mediante técnicas
como la magnetoencefalografía, una técnica de neuroimagen no invasiva que
permite medir los campos magnéticos extremadamente débiles producidos por la
actividad eléctrica cerebral, en particular por la activación sincrónica de
poblaciones neuronales corticales.
Los
campos magnéticos se miden en tesla (T), una unidad del Sistema Internacional
que cuantifica la densidad de flujo magnético o inducción magnética, es decir,
la intensidad de un campo magnético. Como referencia, el campo magnético
terrestre es del orden de 5 × 10⁻⁵ T. Esta técnica es capaz de realizar
mediciones del campo magnético cerebral que oscilan entre 10⁻15 T y 10⁻¹² T, proporcionando una resolución
temporal muy precisa de la sincronización de la actividad neuronal.
Gracias
a su elevada resolución temporal, del orden de los milisegundos, la
magnetoencefalografía posibilita el estudio de la dinámica cerebral en tiempo
real y el análisis de patrones de actividad a distintos niveles de
organización, desde ritmos oscilatorios hasta redes neuronales distribuidas. A
partir de estos registros, el uso de técnicas de machine learning permite
reconocer patrones de actividad cerebral asociados a estados cognitivos y
funcionales particulares, como la atención, la memoria de trabajo o, de manera
más compleja, componentes emocionales y motivacionales vinculados a
experiencias afectivas como el amor.
Si el amor
puede asociarse a patrones electromagnéticos medibles originados en el movimiento de iones a
través de las membranas neuronales, el verdadero desafío no es solo detectarlos
con tecnología cada vez más precisa, sino comprender cómo de esos campos eletromagnéticos
emerge una experiencia que nos transforma y da sentido a la vida.
Lectura complementaria

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