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viernes, 1 de octubre de 2021

Transferir tu software-mente a un cerebro artificial

A los dos proyectos vinculados a la comprensión del funcionamiento de los 89.000 millones de neuronas  del cerebro humano, el Human Brain Project (Comisión Europea) y  Brain Activity Map (EE.UU), le podemos agregar el aporte de los nanochips neuromórficos y los memristores en el sendero para avanzar hacia un cerebro cuasi similar al humano. También en la actualidad, la agencia: Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de los Estados Unidos, conocida como DARPA, desarrolla un programa de Neurotecnología No Quirúrgica de Próxima Generación (N3), en el cual científicos de prestigiosos laboratorios de investigación están explorando cómo hacer interfaces cerebro-máquina no o nano-invasivas. La Agencia ha otorgado fondos a seis organizaciones para la segunda fase del programa que comenzó en 2018. Los proyectos seleccionados son encabezados por el Battelle Memorial Institute,  la Carnegie Mellon University,  la Johns Hopkins University, el Applied Physics Laboratory, el Palo Alto Research Center (PARC), la Rice University, y Teledyne Scientific. Los equipos de N3 están siguiendo una variedad de enfoques que utilizan óptica, acústica y electromagnetismo para registrar la actividad neuronal y enviar señales al cerebro con alta velocidad y gran resolución. Las investigaciones  se dividen en dos grandes grupos: los equipos de trabajo que están buscando interfaces completamente no invasivas,  externas al cuerpo y los equipos que utilizan sistemas de interfaz mínimamente invasivos que incluyen nanotransductores enviados al cerebro para producir  las señales. Un ejemplo de los primeros lo constituye  el equipo dirigido por el Palo Alto Research Center cuyo objetivo es desarrollar un dispositivo acústico-magnético completamente no invasivo para escribir en el cerebro. Su enfoque combina ondas de ultrasonido con campos magnéticos capaces de generar corrientes eléctricas localizadas para la neuromodulación. En cambio Teledyne Scientific, tiene como objetivo desarrollar un dispositivo integrado completamente no invasivo utilizando magnetómetros bombeados ópticamente para detectar campos magnéticos pequeños y localizados que se correlacionan con la actividad neuronal. A la vez emplean  ultrasonido enfocado para escribir en las neuronas. En definitiva, interfaces  cerebro-computadora bidireccionales de alto rendimiento para aplicaciones clínicas y/o de uso por las fuerzas armadas. 

Tal vez la interfaz cerebro-máquina no quirúrgica constituya el inicio de un fantástico camino hacia la transferencia de nuestro software-mente a un cerebro artificial montado en un robot.  El primer paso del inquietante tránsito del humano celular mortal al humano robotizado inmortal.


Infomación complementaria

El Proyecto Genoma Humano. Henry Markram. Investigación y Ciencia. Agosto 2012. Páginas 50-55.

Magnetism Plays Key Roles in DARPA Research to Develop Brain-Machine Interface without Surgery. Magnetics. Business & Technology. Junio 2021.          

La Convergencia delas Tecnologías Exponenciales y la Singularidad Tecnológica. Capítulo 8:Hombres y/o robots. Alberto L. D’Andrea. Editorial Temas. Buenos Aires.Argentina. 2017. 

sábado, 3 de noviembre de 2018

Inteligencia artificial o humana en un cerebro artificial.

La inteligencia artificial (Artificial Intelligence, o AI) es la simulación de los procesos de inteligencia humana por parte de máquinas, especialmente sistemas informáticos. Estos procesos incluyen el aprendizaje (la adquisición de información y reglas para el uso de la información), el razonamiento (usando las reglas para llegar a conclusiones aproximadas o definitivas) y la autocorrección. El concepto de AI aparece en el año 1956 causando gran impacto en el ámbito de la tecnología. A partir de ese entonces se diseminó fantásticamente por el mundo cuando queremos referirnos a aquellas máquinas o aparatos dotados de una inteligencia símil a la de los seres humanos. La inteligencia artificial actual difícilmente pueda competir con el cerebro humano porque los diseñadores todavía no lo conocen lo suficiente.
En tal sentido se hallan  en ejecución dos proyectos: el Human Brain Project, de Europa y el  Brain Activity Map de los  EE.UU. El conocimiento proveniente de ambos, unido a la ingeniería neuromórfica con sus nanochips neurosinapticos, memristores y otros desarrollos relacionados, permiten avanzar hacia la construcción de cerebros artificiales acelerando la posibilidad de trasladar el software-mente de los cerebros humanos a los artificiales para poder vivir más allá de los límites del cuerpo biológico; es decir, avanzar hacia la inmortalidad.
Dice el profesor Brian Edward Cox (investigador de la Real Sociedad de Londres y profesor en la Universidad de Mánchester):“Humans will Upload Their Brains to Robots to Become Immortal Sooner Than You Think, Claims Professor Brian Cox (Los humanos subirán sus cerebros a los robots para que se vuelvan inmortales más pronto de lo que piensa). En tal sentido el empresario multimillonario Ruso Dmitry Itskov (Newmedia Stars), a principios de 2011 creó un movimiento llamado Iniciativa 2045 el cual lidera un asombroso plan para conseguir la inmortalidad. El plan denominado Avatar consta de 4 etapas de desarrollo progresivo. La tercera etapa (Avatar C) se centra en lograr individuos con un cerebro artificial y cuerpo de robot al los que se le transfiere mediante un software-mente la inteligencia y personalidad humana. Los primeros intentos exitosos, el programa los ubica alrededor del año 2035. En el proyecto (plan de negocio) de  Dmitry Itskov se encuentran trabajando en la actualidad 60 científicos y espera recaudar la fuerte inversión necesaria a través de un importante aporte económico de mil multimillonarios, entrados en edad, quienes serían los primeros inmortales de la historia. 
El avance hacia la concreción de cerebros artificiales y la posibilidad de descargar en ellos la inteligencia humana  puede hacer que el desarrollo de una inteligencia artificial paralela no tenga sentido. Estamos hablando de convertirnos en un humano robotizado inmortal el cual no tendrá genes, ni necesidad agua, alimentos, ni oxígeno, será independiente del tiempo y un viajante atemporal por el universo.  

sábado, 2 de septiembre de 2017

Del gen egoísta hasta la inmortalidad sin genes

El gen egoísta
Richard Dawkins en su libro de divulgación “El gen egoísta” (The Selfish Gene), publicado en 1976,  establece que el gen es la unidad evolutiva fundamental. Los organismos son, pues, meras máquinas de supervivencia para los genes. En tal sentido los seres humanos son utilizados por los genes para perpetuarse en el tiempo y el hombre deja su lugar central para convertirse en un soporte descartable de la herencia genética. ¿Puede la arrogancia humana permanecer indiferente ante tal perspectiva?

La ingeniería genética
La respuesta se comienza a vislumbrar a partir de 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante, el nacimiento de la ingeniería genética y las técnicas biotecnológicas en general. El hombre ahora puede tomar el control de la situación cambiando el destino de la perpetuación de ciertos genes e intentar prevalecer de algún modo. Aparece la posibilidad de “silenciar genes problemáticos” para que no se expresen, de realizar transgénesis y seleccionar embriones (previo diagnóstico preimplantatorio) en la fertilización asistida, para cortar líneas genéticas conducentes a graves enfermedades hereditarias. Del vertiginoso desarrollo biotenológico surge  un constante incremento en el promedio de vida con la probabilidad consecuente para el individuo de aumentar sus mutaciones puntuales y de sufrir modificaciones epigenéticas (modificaciones heredables en la expresión de genes que no se encuentra en la secuencia del ADN). Un campo de batalla, donde la inteligencia del hombre concebida para sobrevivir lo suficiente de modo de perpetuar a los genes se tradujo en armas científicas-tecnológicas para intentar dominarlos. El hombre para vivir cada vez más en su viaje a la inmortalidad comprendió que debía indefectiblemente regular-dominar a los genes y su expresión. El resultado final, entre contendientes que se necesitan mutuamente, luego de un largo camino, parecería conducir a un solo ganador: el gen egoísta inmortal o el hombre inmortal.


Inmortalidad sin genes
Un robot puede vivir en temperaturas extremas,  sin agua, sin oxígeno, ni alimentos. Solo con energía solar.  Las proyecciones actuales parecerían indicar que  el inmenso legado del conocimiento universal  tal vez pueda pasarse de un humano a un robot como hoy se pasa el software de una computadora a otra. Si admitimos que la mente es al cuerpo como el software lo es al hardware, la posibilidad de poder trasferir el software-mente  a un robot puede llegar a constituirse en  una realidad y en la gran revolución del siglo XXI. Recordemos la viabilidad de contar, a fines del año 2020, con  cerebros similares construidos sobre la base de los nanochips neurosinápticos y de los adelantos en nanotecnología capaces de producir una piel de grafeno, más sensible que la humana,  ojos-nanocámaras para ver más allá del espectro visible, etcétera.
Todos podríamos ser viajeros del universo y viajar por el espacio sin preocuparnos por la temperatura, la atmósfera, la falta de agua, la comida o el escaso tiempo cósmico de nuestras vidas.
En tal circunstancia, las preguntas: ¿mortales o inmortales?  y  ¿hombres y/o robots?, tendrían una sola respuesta: robots inmortales con nuestra mente. En el contexto citado el camino hacia la inmortalidad puede llegar a triunfar prescindiendo de los genes y la ingeniería genética. En definitiva, ¿qué es lo más trascendente del hombre?  Sus huesos, su carne, sus genes o, su mente, esa energía en codificación creciente, originada en el Big Bang.

Lectura complementaria: