viernes, 11 de noviembre de 2016

La singularidad humana y la singularidad tecnológica.

El concepto de  singularidad tecnológica expuesto por el matemático y físico Húngaro John von Neumann en 1958, sugiere que los robots podrían ser capaces de auto-mejorarse recursivamente (rediseño de sí mismo) a través del diseño y construcción de robots cada vez mejores. Las repeticiones de este ciclo probablemente darían lugar a una descendencia donde las máquinas inteligentes podrían diseñar generaciones de máquinas sucesivamente más inteligentes y con mayor capacidad de acción. Resulta evidente que los robots no tendrían para su subsistencia la problemática de los humanos, no necesitan oxígeno, ni agua, ni alimentos, ni instalaciones sanitarias. Su energía podría ser generada a través de paneles solares flexibles incorporados en su cuerpo durante su construcción robotizada. La preguntas centrales de la presente reflexiones son: ¿Existe una singularidad humana? ¿Los humanos a través del tiempo nos fuimos mejorando? La vida humana en forma muy precaria comenzó en la tierra hace 2,5 millones de años. Unos 1,8 millones de años atrás; hace 18.000 siglos ubicamos al rudimentario Homo Habilis incapaz de distinguir lo material de lo inmaterial, lo imaginario de lo real, el mundo de lo animado de lo inanimado. Observaba  la conducta y comportamiento de otros animales y la imitaba. Así aprendieron de los conejos a excavar, de los castores a construir represas, de las arañas a tejer trampas,…El Homo Erectus lo podemos ubicar a unos 10.000 siglos y el más parecido al hombre actual el Homo Sapiens  a 1500 siglos. Finalmente ante la estabilización de los cambios estructurales el avance del hombre actual generación tras generación depende de la velocidad y capacidad de atesoramiento del inmenso legado del conocimiento humano acumulado año a año a lo largo de los siglos. Durante la educación no formal, y la formal: primaria, secundaria y universitaria incorporamos lo necesario para evolucionar en el conocimiento y hacer hombres con capacidades cada vez mejores en lo que constituye una trayectoria equivalente a la concepción de la singularidad tecnológica de autoproducción de robots cada vez mejores. Con el avance en el desarrollo de los cerebros cuasi similares a los humanos realizados con nanochips neurosinápticos capaces de agregar los sentidos a través de pulsos lumínicos a todo lo que son capaces de realizar las computadoras más avanzadas y,  de los mapeos realizables con nanorobots cerebrales para comprender la red neuronal constituida por 89 mil millones de neuronas; el atesoramiento  del inmenso legado del conocimiento humano tal vez pueda pasarse de un humano a un robot como hoy se pasa el software de una computadora a otra. Tal vez entonces aparezca una intersección entre la singularidad humana y la singularidad tecnológica; humanos inmortales en cuerpos de robots.