sábado, 13 de octubre de 2018

Invertir en la revolución para crecer.

La primera revolución industrial se centró en el agua y el vapor. La segunda en la electricidad y la  producción masiva. La  tercera aprovechó la electrónica y la tecnología de la información para automatizar la producción. Ahora es el turno de sumarle a la infotecnología, la nanotecnología, la biotecnología y la inteligencia artificial para conformar el mundo de las NBIC (Nano-Bio-Info y Cogno tecnologías). Nos tenemos que preparar para la época del coche sin conductor, del robot para hacer las tareas del hogar, de los nanorrobots moviéndose en nuestro torrente sanguíneo para diagnosticar-sanar nuestras enfermedades y los avances revolucionarios en el campo de los nanomateriales, la impresión 3D y la computación cuántica.Toda una invitación a transformar la economía global. 
La velocidad de los avances tecnológicos actuales no tiene un precedente histórico; si la comparamos con las revoluciones industriales anteriores lineales, la cuarta revolución está evolucionando a un ritmo exponencial. Sin embargo el poder económico tanto privado como estatal, no apuesta mayormente para convertir ideas en productos, en las innovaciones de base tecnológica como centro del crecimiento y del bienestar. La explicación más obvia del comportamiento señalado radica en el hecho que los dirigentes están dominados por objetivos a corto plazo y la necesidad de mantener un cierto equilibrio económico mediante una política conservadora. La falta de inversión masiva en las nuevas tecnologías explica la causa por la cual la recuperación de las recesiones son tan débiles, los ingresos promedio se estancan y que el crecimiento sólo se consiga con un aumento de endeudamiento. La innovación se está desarrollando rápidamente pero las empresas preferentemente tienen su efectivo en los bancos, en inversiones conservadoras-especulativas, los empresarios no son realmente muy emprendedores y, como resultado, están desaprovechando las grandes oportunidades de las nuevas tecnologías. Ante el cuadro señalado el sector público debiera avanzar desde lo urgente hacia la producción de y con tecnología de vanguardia, tomando la iniciativa de modo de lograr un mejor futuro para la población. El reciente Premio Nobel Paul Romer  centra el crecimiento en la concreción  de las nuevas ideas en avances tecnológicos productivos. Su principal argumento es que los efectos cascada de las economías basadas en el conocimiento tecnológico llevarán a un desarrollo económico con más innovación e inversión en capital humano. Un Premio Nobel que transita entre la vieja macroeconomía y la nueva. Desde la economía de pensamiento único y la globalización a la economía de las nuevas tecnologías con ciertas posibilidades de salir de un laberinto económico sin destino para ingresar a la nueva revolución tecnológica capaz de dar respuestas en tiempo y forma a las crecientes necesidades socioeconómicas de un planeta con 7.500 millones de habitantes.