lunes, 23 de marzo de 2026

Albert Camus, la guerra y la contaminación ambiental

Alberto L. D'Andrea
(Publicado en el Magazine de Radio Antorchas el 22 de  marzo del año 2026)

La novela La peste de Albert Camus transcurre en la ciudad de Orán, en la década de 1940 (publicada en 1947). El brote que describe es de peste bubónica, una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Yersinia pestis, transmitida principalmente por pulgas de ratas. Frente a la epidemia, las autoridades adoptan medidas extremas: cuarentena estricta, cierre total de la ciudad, suspensión de transportes y prohibición absoluta de entrar o salir. Todo funciona como una verdadera frontera sellada, dejando a la población completamente aislada del exterior.


En ese contexto, Camus plantea que, frente a la inminencia de la muerte, muchos dejan de postergar lo que siempre desearon hacer y comienzan a vivir con mayor intensidad. Se rompe la ilusión del futuro como garantía, y aparece una verdad incómoda: “Los conciudadanos se daban cuenta de que nunca habían sido libres”. Era, en definitiva, el momento de hacer lo que mucho antes querían o debían haber hecho.
Si trasladamos esta reflexión al presente, observamos que, a pesar del crecimiento de las energías renovables, el consumo de combustibles fósiles continúa aumentando a nivel global. Esto se debe a una combinación de factores estructurales, económicos y políticos: una demanda energética en constante expansión, la fuerte dependencia de infraestructuras fósiles, la falta de decisiones políticas contundentes y el hecho de que estos combustibles siguen siendo, en muchos casos, más accesibles. Pero hay además un problema más profundo: el modelo de desarrollo global continúa basado en el crecimiento sostenido del consumo. Sin modificar ese paradigma, la transición energética seguirá siendo lenta e insuficiente.
La Agencia Internacional de la Energía debido a la guerra en Medio Oriente y su impacto sobre el petróleo y el gas, ha propuesto medidas para reducir el consumo: disminuir vuelos, limitar el uso del automóvil, promover el transporte público, incluso gratuito y ampliar el trabajo remoto. Según sus estimaciones, estas acciones permitirían ahorrar entre 4 y 6 millones de barriles diarios (se consumen 100 a 103 millones de barriles por día): una cifra significativa, aunque todavía insuficiente tanto para compensar la caída del suministro como para reducir de manera sustancial la contaminación ambiental.
En definitiva, se plantea, aunque de manera todavía tímida, comenzar a hacer lo que desde hace mucho tiempo debería haberse hecho: reducir de forma consciente y drástica el consumo de combustibles fósiles. Paradójicamente, es la guerra (una peste), y no una decisión ética o ambiental, la que empieza a empujarnos en esa dirección.
¿De verdad tuvimos que esperar una guerra, una crisis energética, un límite impuesto desde afuera, para empezar a hacer lo que sabíamos que había que hacer?
Tal vez, en este escenario, resuene con fuerza el pensamiento de Camus: era antes y no ahora,  cuando estábamos “apestados”.

Referencia bibliográfica:
Albert Camus. La peste. Editorial Lucemar. Argentina. 2021

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