Alberto L. D'Andrea
(Publicado en el Magazine de Radio Antorchas el 22 de marzo del año 2026)
La novela La peste de Albert Camus transcurre en
la ciudad de Orán, en la década de 1940 (publicada en 1947). El brote que
describe es de peste bubónica, una enfermedad infecciosa causada por la
bacteria Yersinia pestis, transmitida principalmente por pulgas de ratas. Frente
a la epidemia, las autoridades adoptan medidas extremas: cuarentena estricta,
cierre total de la ciudad, suspensión de transportes y prohibición absoluta de
entrar o salir. Todo funciona como una verdadera frontera sellada, dejando a la
población completamente aislada del exterior.
Si trasladamos esta
reflexión al presente, observamos que, a pesar del crecimiento de las energías
renovables, el consumo de combustibles fósiles continúa aumentando a nivel
global. Esto se debe a una combinación de factores estructurales, económicos y
políticos: una demanda energética en constante expansión, la fuerte dependencia
de infraestructuras fósiles, la falta de decisiones políticas contundentes y el
hecho de que estos combustibles siguen siendo, en muchos casos, más accesibles.
Pero hay además un problema más profundo: el modelo de desarrollo global
continúa basado en el crecimiento sostenido del consumo. Sin modificar ese
paradigma, la transición energética seguirá siendo lenta e insuficiente.
La Agencia
Internacional de la Energía debido a la guerra en Medio Oriente y su impacto sobre el petróleo y el gas, ha propuesto medidas para reducir el consumo:
disminuir vuelos, limitar el uso del automóvil, promover el transporte público,
incluso gratuito y ampliar el trabajo remoto. Según sus estimaciones, estas
acciones permitirían ahorrar entre 4 y 6 millones de barriles diarios (se
consumen 100 a 103 millones de barriles por día): una cifra significativa,
aunque todavía insuficiente tanto para compensar la caída del suministro como
para reducir de manera sustancial la contaminación ambiental.
En definitiva, se plantea,
aunque de manera todavía tímida, comenzar a hacer lo que desde hace mucho
tiempo debería haberse hecho: reducir de forma consciente y drástica el consumo
de combustibles fósiles. Paradójicamente, es la guerra (una peste), y no una
decisión ética o ambiental, la que empieza a empujarnos en esa dirección.
¿De verdad tuvimos que
esperar una guerra, una crisis energética, un límite impuesto desde afuera,
para empezar a hacer lo que sabíamos que había que hacer?
Tal vez, en este escenario, resuene
con fuerza el pensamiento de Camus: era antes y no ahora, cuando estábamos “apestados”.
Referencia bibliográfica:
Albert Camus. La peste. Editorial Lucemar. Argentina. 2021

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