sábado, 2 de mayo de 2026

Lo iónico, sináptico y electromagnético del cerebro en Nanopsicología

La comprensión de la mente exige hoy abandonar modelos lineales y avanzar hacia enfoques capaces de integrar múltiples niveles de organización. En este sentido, pensar el cerebro desde tres dimensiones, lo iónico, lo sináptico y lo electromagnético,  no implica establecer una jerarquía rígida, sino reconocer una dinámica de co-determinación. Cada uno de estos niveles constituye una perspectiva sobre un mismo proceso: la actividad cerebral como sistema complejo en permanente reorganización. A su vez, el principio de energía libre formulado por Karl Friston permite interpretar cómo estos niveles se ajustan frente a la sorpresa, entendida como la discrepancia entre lo esperado y lo percibido.

En el nivel iónico se sitúa la base físico-química del sistema. Las neuronas operan mediante el movimiento de iones, principalmente sodio, potasio y calcio, que generan diferencias de potencial y posibilitan la aparición de los potenciales de acción. Este nivel no es un simple soporte pasivo, sino una dimensión activa donde se definen las condiciones mismas de la señal. Cuando un estímulo del entorno es captado por los sistemas sensoriales, se produce una transducción que transforma energía física en variaciones en estos flujos iónicos. Así, la irrupción de lo observable no se manifiesta como un campo que ingresa al cerebro, sino como una perturbación en los equilibrios electroquímicos que sostienen su funcionamiento.
El nivel sináptico introduce la organización relacional del sistema. Las neuronas se articulan en redes complejas donde la información se transmite a través de sinapsis químicas y eléctricas. Es en este plano donde adquiere centralidad la plasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para modificar la eficacia de sus conexiones en función de la experiencia. Frente a un evento inesperado, los cambios no se limitan a la actividad momentánea: si el estímulo resulta significativo, las conexiones se reorganizan, fortaleciendo ciertos circuitos y debilitando otros. Desde la perspectiva del principio de energía libre de Karl Friston, este proceso puede entenderse como una actualización del modelo interno del sistema, orientada a reducir el error de predicción y a construir nuevas formas de anticipación.
El nivel electromagnético emerge necesariamente de los anteriores, ya que toda corriente eléctrica genera un campo. La actividad sincronizada de poblaciones neuronales produce campos que pueden medirse mediante técnicas como el electroencefalograma o la magnetoencefalografía. Este nivel ha dado lugar a un debate aún abierto. Mientras que la posición dominante lo considera un correlato de la actividad neuronal, algunas propuestas, como la de Johnjoe McFadden, plantean que podría desempeñar un rol en la integración global de la información. No obstante, la evidencia disponible indica que su capacidad para modificar directamente el flujo iónico en otras neuronas es limitada, lo que sugiere un papel más modulador que causal.
La articulación de estos tres niveles permite comprender de manera más precisa la respuesta del cerebro frente a la sorpresa. El paralelismo con el Principio de Le Châtelier resulta aquí esclarecedor: una perturbación no conduce a la restauración de un estado previo, sino al establecimiento de un nuevo equilibrio que compensa las condiciones alteradas. De manera análoga, el cerebro no retorna a su configuración anterior, sino que reorganiza simultáneamente sus dinámicas iónicas, sinápticas y electromagnéticas para alcanzar una nueva estabilidad funcional. Este proceso incluye tanto ajustes rápidos en la actividad eléctrica como cambios más lentos y duraderos en la conectividad.
Ahora bien, reconocer que toda actividad cerebral posee una expresión electromagnética no implica afirmar que este nivel constituya el principal canal de interacción con el entorno. Dicha interacción se realiza fundamentalmente a través de la acción, el cuerpo y los sistemas sensoriomotores. Sin embargo, el campo electromagnético puede entenderse como la manifestación global de la dinámica neuronal, lo que abre la posibilidad de considerarlo como un nivel de integración que no se reduce completamente a las interacciones locales.
Desde la nanopsicología, esta perspectiva multiescalar adquiere un valor singular. Pensar la mente implica considerar la interacción entre procesos que van desde el movimiento de partículas cargadas hasta la formación de patrones globales de actividad. En este marco, la mente no se identifica exclusivamente con ninguno de estos niveles, sino que emerge de su interacción dinámica. La sorpresa, la adaptación y el aprendizaje atraviesan simultáneamente lo iónico, lo sináptico y lo electromagnético, configurando un sistema en permanente transformación.
El cerebro no puede comprenderse adecuadamente desde una jerarquía lineal de niveles, sino como una unidad compleja donde distintas dimensiones físicas y funcionales se implican mutuamente. La minimización de la energía libre no ocurre en un único plano, sino como resultado de la interacción entre estos niveles, dando lugar a nuevos equilibrios que redefinen continuamente la relación entre el organismo y su entorno. En ese espacio de intersección, entre lo medible y lo aún no completamente explicado, se abre un campo fértil para el desarrollo de enfoques integradores, donde la nanopsicología puede ofrecer un marco conceptual capaz de articular lo físico, lo biológico y lo experiencial en una misma trama explicativa.

Referencias

 Karl Friston (2010). The free-energy principle: a unified brain theory? Nature Reviews Neuroscience.

McFadden, Johnjoe (2020). Integrating information in the brain’s EM field: the cemi field theory of consciousness. Neuroscience of Consciousness, 2020, 1, niaa016.

D’Andrea, Alberto L.(2025)  El secreto electromagnético de la consciencia.Biotecnología & Nanotecnología al Instante: https://infobiotecnologia.blogspot.com/2025/06/consciencia-oculta-en-los-campos.html

 David Chalmers (1996). The Conscious Mind. Oxford University Press.

D’Andrea, Alberto L. (2026). Nanopsicología. La psicología del siglo XXI. Editorial Autores Argentinos. Argentina. 

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