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miércoles, 4 de diciembre de 2024

1er Bachillerato Universitario en Nanociencia - Argentina

El Bachiller Universitario en Ciencias (en inglés, Bachelor of Science o BSc; del latín baccalaureus scientiae) es un título de grado en ciencias ampliamente reconocido en los países anglófonos, otorgado a programas que suelen durar entre tres y cuatro años.

El primer Bachelor of Science se instauró en la Universidad de Londres en 1860 en respuesta a la creciente necesidad de una formación académica más estructurada en ciencias, diferenciada de los tradicionales títulos en artes (Bachelor of Arts, BA). El programa marcó un hito en la educación superior, al subrayar la relevancia de las disciplinas científicas para el desarrollo intelectual, tecnológico y social.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el auge de la Revolución Industrial impulsó la demanda de profesionales capacitados en áreas clave como física, química, ingeniería y biología. La Universidad de Londres, destacada por su enfoque innovador e inclusivo, admitiendo estudiantes de diversos credos y orígenes, lideró la implementación de este título.  

Bachiller Universitario en Nanociencia 2025 (Universidad CAECE Argentina)

El BSc fue diseñado con un enfoque práctico y experimental, diferenciándose de los títulos en artes, que priorizaban los estudios clásicos y humanísticos. El currículo incluía materias como matemáticas avanzadas, química experimental, física y biología, además de ofrecer especializaciones en campos aplicados como la ingeniería mecánica y la geología. Los estudiantes eran capacitados para trabajar en laboratorios, resolver problemas y aplicar el método científico a la investigación.

El éxito del programa en Londres llevó a su rápida adopción por otras universidades británicas, como Oxford y Cambridge, y posteriormente se extendió a Europa, América del Norte y el resto del mundo, estableciéndose como un estándar en la educación científica.

A lo largo del siglo XX, el Bachelor of Science evolucionó, incorporando nuevas disciplinas científicas y enfoques interdisciplinarios que conectaron diferentes áreas del saber. En el siglo XXI, este modelo educativo ha integrado campos emergentes como la biotecnología, la nanotecnología, la inteligencia artificial y la sostenibilidad ambiental, adaptándose a los retos y necesidades contemporáneos. Además, se han implementado políticas para ampliar el acceso, reduciendo barreras y fomentando la inclusión de grupos subrepresentados en las ciencias.

En este contexto, Argentina dará un paso trascendental en 2025, con la creación del primer Bachillerato Universitario en Nanociencia, un programa de tres años ofrecido por la Universidad CAECE. Este bachillerato, con modalidades presencial y a distancia, busca rescatar y consolidar los 36 años de desarrollo sorprendente e intenso de la ciencia nano en el planeta. Además, servirá como base para completar una Licenciatura en Nanotecnología con solo un año adicional de estudios.

Se presenta como una carrera ágil y dinámica, diseñada para responder a las demandas del siglo XXI, mientras se nutre de una rica tradición educativa iniciada en 1860. Argentina se posiciona así a la vanguardia en la formación académica en nanociencias, alineándose con los avances tecnológicos y científicos más relevantes de nuestra era. 

miércoles, 21 de febrero de 2024

Los extremos del universo: astronomía y atomonomía.

El sufijo nomía es de origen griego (nómos) y significa "conjunto de leyes o normas". Se usa en palabras compuestas como economía y astronomía entre otras. En tal sentido lo que hoy denominamos nanociencia, vinculado con el conocimiento ordenado y sistemático en la escala nanométrica (1 a 100 nanómetros) constituye sólo una visión parcial de la temática, como extremo del universo antagónico a la astronomía  debió  haberse denominado atomonomía (o nanononía). La atomonomía es entonces el conjunto de leyes y normas para comprender el mundo de lo pequeño a escala atómico-molecular; con ella se completa un espectro del conocimiento capaz de abarcar el límite de lo más grande observable al límite de lo más pequeño observable, y por ser pequeño también manipulable.


Los primeros registros astronómicos se ubican aproximadamente en el 1300 A.C. Resulta interesante reseñar los períodos evolutivos de la astronomía:

Prehistórico (antes 500 A.C.) Caracterizado por la observación de los movimientos cíclicos del sol, la luna y las estrellas, el desarrollo de los calendarios y la determinación de orientaciones. 
Clásico (500 A.C. − 1400 D.C.) Comienzan las medidas de posiciones y los movimientos y se hacen modelos geométricos del universo (geocéntricos) para explicar el movimiento de los planetas.
Renacimiento (1400 D.C. – 1609 D.C) Se acumulación datos más precisos y aparecen mejores modelos (heliocéntricos) para explicar los datos.
Moderno (desde 1609 D.C.) En el año 1609, Galileo Galilei dirige por primera vez, con espíritu científico, un telescopio hacia el cielo. El acontecimiento se considera  el inicio de la astronomía moderna y revolucionó completamente el concepto de universo y de nuestro lugar dentro de él. En este período aparecen nuevos modelos físicos y avances matemáticos. Nace y se  desarrolla de la astrofísica. .
La atomonomía recién se inicia la segunda mitad del siglo XX D.C. Hubo que esperar la aparición de la física cuántica (1900-Max Planck) y su aplicación en los primeros modelos atómicos confiables (1913-Modelo planetario de Niels Bohr y 1926-Modelo probabilístico de Erwin Schrödinger) para comenzar a comprender el mundo de lo pequeño. En 1974, por primera vez, el Dr. Norio Taniguchi, profesor de la Tokyo University of Science acuñó el término Nano-technology en una conferencia. No obstante algo similar a lo realizado por Galileo con el telescopio aparece recién en 1981 cuando Gerd Binnig  y Heinrich Rohrer (IBM) desarrollaron y perfeccionaron el microscopio de exploración de efecto túnel (STM- Scanning Tunneling Microscope), la primera herramienta para “ver” átomos de una manera relativamente fácil y rutinaria (a ambos se le concedió el premio nobel en 1986). 
Resulta interesante que la astronomía nos permite observar los planetas, mundo macro, desde el año 1609 y que recién en  1981 se haya comenzado a ver el mundo nano de los las moléculas y los átomos. Se necesitaron 372 años de desarrollo tecnológico más para llegar al otro extremo.
El paso del estudio de lo más grande, como la astronomía, al mundo de lo más pequeño, como la atomonomía-nanonomía conlleva una serie de reflexiones interesantes sobre el conocimiento humano.
El hecho de poder estudiar tanto el cosmos inmenso como las estructuras extremadamente pequeñas resalta la increíble amplitud de escalas en el universo y fundamentalmente la capacidad humana para comenzar a comprenderlas.
Ambas permiten explorar territorios relativamente desconocidos. En la astronomía, descubrimos exoplanetas, agujeros negros y la naturaleza misma del universo. La atomonomía permite a través de su aplicación, la nanotecnología,  manipular la materia a escala extremadamente pequeña para crear nuevos materiales, dispositivos y aplicaciones capaces de dar respuestas a las nueve necesidades humanas primarias.
Las dos tienen el potencial de revolucionar nuestra comprensión del mundo y nuestra capacidad tecnológica. Desde la comprensión de los orígenes del universo hasta la fabricación avanzada, estas disciplinas están en la vanguardia de la innovación científica y tecnológica.  

El paso del estudio de lo más grande  a lo más pequeño en 372 años refleja la capacidad humana para explorar y tratar de comprender los dos extremos del universo.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Nanotecnología contra natura

La Nanotecnología implica comprender el mundo desde lo pequeño para innovar haciendo construcciones con átomos y moléculas con el propósito de dar respuestas a las crecientes necesidades socioeconómicas. El nanotecnólogo en su ser innovador debe estar capacitado para investigar, desarrollar los nuevos productos, implementar la forma de producirlos y  gestionar las nuevas empresas. Estos innovadores requieren una capacitación centrada en atesorar el conocimiento de la ciencia relacionada (nanociencia), de la tecnología específica y de la gestión empresarial.


Resulta sorprendente como algunos países tratan que los científicos hagan nanotecnología cuando su capacitación está orientada a la investigación y no a la innovación tecnológica. El citado enfoque conduce a un despilfarro de esfuerzos-recursos y más grave aún, a un atraso en el desarrollo nanotecnológico con relación a los países en los cuales desde hace siglos tienen en claro la diferencia y complementación existente entre ciencia y tecnología. Es así como se requiere para producir algo la importación mayoritaria de componentes y de tecnologías que no puede ser desarrollada por los científicos, motivo por lo cual muchas investigaciones nunca llegan a convertirse en un producto final competitivo o cuando lo hacen ya estará superado por otros que surgen en el mercado internacional.
Un investigador requiere actualización constante es su especificidad, si se lo pone a realizar tareas para las cuales no se ha capacitado se corre el riego de cambiar un excelente investigador en un novato tecnólogo, tirando por la borda años de un tipo de capacitación para que comience como principiante en otra área del saber vinculada con el saber hacer. En este mundo al revés suelen encontrarse universidades en cuyos departamentos de ciencia se dictan carreras de tecnología o asignarse partidas de dinero destinadas al desarrollo de pymes nanotecnológicas a instituciones de investigación...
Un país debe encarar con decisión la formación de nanotecnólogos universitarios con el perfil adecuado para integrar el trabajo de los investigadores en nanociencia con el de los nanotecnólogos capacitados para la innovación tecnológica. Tratar de hacer desarrollos nanotecnológicos contra natura implica abrazarse al subdesarrollo y malgastar recursos públicos.

Lectura complementaria:

sábado, 11 de octubre de 2014

Un premio Nobel con la mira en las NBIC.

El estadounidense John O'Keefe y los noruegos May-Britt Moser y Edvard I. Moser ganaron esta semana  el Premio Nobel de Medicina 2014 por descubrir el mecanismo del cerebro vinculado a nuestra orientación en el espacio; es decir las células del  sistema de posicionamiento del cerebro que nos permiten entender cómo el cerebro crea un mapa del espacio y cómo podemos navegar en nuestro camino a través de un entorno complejo. El hallazgo podría ayudar a explicar por qué los pacientes con Alzheimer no pueden reconocer su entorno, pero también para realizar circuitos equivalentes capaces de  orientar en el entorno a futuros robots cognitivos. El estadounidense John O'Keefe es Doctor de Psicología Fisiológica por la Universidad McGill de Canadá. En 1987, fue nombrado profesor de Neurociencia Cognitiva de dicha Universidad y actualmente es director del Centro Wellcome Sainsbury de Circuitos Neuronales y Comportamiento en el University College de Londres. May-Britt Moser, la undécima mujer galardonada con el Nóbel de Medicina, estudió Psicología en la Universidad de Oslo y se doctoró en neuropsicología en 1995. Actualmente es directora del Centro de Computación Neuronal en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología en Trondheim. Edvard I. Moser, Es Doctor en Neurofisiología por la Universidad de Oslo. Actualmente es director del Instituto Kavli para los Sistemas de Neurociencia en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología en Trondheim.
Doctores en psicología fisiológica, neuropsicología y en neurofisiología premiados por sus investigaciones en la frontera del conocimiento de las NBIC (tecnologías de convergencia: Nano, Bio, Info y Cogno); premiados por avanzar sobre los fundamentos de la cognociencia, una base de lanzamiento hacia la cognotecnología. Mucho más que una simple tendencia…

Lectura complementaria:
Comprender el mundo desde la NBIC.