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sábado, 6 de julio de 2019

Investigación básica, aplicada y orientada a la innovación.

En muchos países todavía se discute sobre la prioridad de asignación de recursos a la investigación básica  o a la investigación aplicada. No podemos dejar de reconocer que el producto de la secuencia educación, investigación básica-investigación aplicada debe concluir  en productos y/o servicios innovadores capaces de dar respuesta a las crecientes necesidades socioeconómicas originadas por el alarmante crecimiento de la población del planeta (5000 millones de habitantes en los últimos 69 años). Para completar el camino hacia la innovación tecnológica ya no basta con la investigación básica y la investigación aplicada hay que agregar los conocimientos necesarios para investigar en lo financiero, económico y comercial las posibilidades de generar empresas de base científico-tecnológicas, generalmente pymes con una alta dependencia del conocimiento de avanzada. Lo expuesto conlleva a un cambio en la formación de los profesionales: pasar de la adquisición de solo las capacidades específicas científico-tecnológicas vinculadas a su profesión a lograr un espectro más amplio integrando ciencia, tecnología y gestión. 
Profesionales de avanzada en lo científico-tecnológico y también con los conocimientos de gestión necesarios para  implementar las empresas destinadas a cerrar el ciclo hacia la innovación con crecimiento. En la práctica implica carreras centradas en el saber-saber hacer y la incor-poración al currículo de materias de gestión. Por otra parte, se necesita un organismo oficial para  coordinar educación, ciencia, tecnología y gestión empresarial. No como compartimentos estancos, sino integrando complejidades y potenciando resultados. Las respuestas esperadas y necesarias a las problemáticas de un país, de una región y del planeta requiere de acciones centradas en la ciencia básica, en la ciencia aplicada y en la integración de ciencias conducentes a la concreción y funcionamiento de las empresas capaces de realizar el proceso innovador.  En realidad la asignación de recursos debe establecer un racional e inteligente equilibrio, en función del contexto socioeconómico, de los recursos asignados a la investigación básica, la aplicada y la innovativa para orientar el crecimiento a través de la innovación.    

sábado, 19 de septiembre de 2015

La bioeconomía, una respuesta a la encíclica Laudato si': sobre el cuidado de la casa común.

En la reciente encíclica del Papa "Laudato si", dice: “Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar”.  Tal afirmación lleva a recordar el intento histórico más reciente por romper con la economía ortodoxa, de pensamiento único, vigente. El intento partió de Nicholas Georgescu-Roegen, uno de los pensadores más notables y profundos de la economía moderna; él lanzó dos torpedos críticos a la economía vigente en sus libros Analytical Economics (1966) y  The Entropy Law and Economic Process (1971) en los cuales centra las problemáticas económicas actuales en el divorcio entre las teorías económicas y el cumplimiento de las leyes de la naturaleza. Para los economistas de pensamiento único todo es un ciclo de producción y consumo, pero para la naturaleza esto no constituye un ciclo, es sólo un gasto unidireccional de energía y recursos naturales no renovables en el tiempo que se consumen. El auguró por lo tanto un gran fracaso en la economía mundial, fracaso evidente ante la cantidad, en tiempos cada vez más cortos, de  crisis económicas y un medio ambiente a la deriva.   Nicolás Georgescu-Roegen señalo como única solución posible la  aparición de una ciencia-tecnología capaz de generar en tiempo y forma los recursos naturales necesarios para llegar a un nuevo tipo de equilibrio en la tierra. La respuesta anhelada surgió de la mano de la biotecnología, a tal punto que hoy podemos definir a la bioeconomía real como una economía basada en la biotecnología capaz de generar en tiempo y forma los recursos naturales renovables, con su acervo de más de 65 millones de genes conocidos y la ingeniería genética, para dar respuestas a necesidades socioeconómicas tales como la demanda de energía, alimentos, disminución de los gastos en salud y cuidado del medio ambiente, generando a su vez trabajo e ingresos en forma sustentable. 
Tal vez alguien nos dio la inteligencia y los genes con el fin de que hagamos todo lo necesario para mantener la vida en la tierra.