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sábado, 20 de junio de 2015

Biotecnología y salud pública.

En el año 2000 culminó en Montreal una serie de reuniones internacionales que dieron origen al Protocolo de Cartagena sobre la seguridad de la biotecnología. El objetivo del protocolo  “es contribuir a garantizar un nivel adecuado de protección en la esfera de la transferencia, manipulación y utilización seguras de los organismos vivos modificados resultantes de la biotecnología moderna que puedan tener efectos adversos para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, teniendo también en cuenta los riesgos para la salud humana, y centrándose concretamente en los movimientos transfronterizos”. El tratado también aclara que los firmantes “tomarán las medidas legislativas, administrativas y de otro tipo necesarias y convenientes para cumplir sus obligaciones dimanantes del presente Protocolo”. Hasta el presente más de 150 países se han adherido al protocolo, 28 de América Latina.  En Argentina, el proyecto comenzó a funcionar en agosto de 2002 y tiene como objetivo principal realizar una revisión del Marco Nacional de Bioseguridad a fin de que se puedan satisfacer los requerimientos del Protocolo de Cartagena y la identificación de las capacidades y carencias nacionales para adecuarse al Protocolo de Cartagena la Agencia Ejecutora del Proyecto es la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, dentro de la cual funciona la Coordinación Nacional. Es obvio que  la  modificación genética de organismos vivos constituye un aspecto central e inherente a la formación y capacidades adquiridas por los biotecnólogos y a los beneficios y riesgos potenciales de la transgénesis para la salud humana. También podríamos destacar entre sus actividades específicas vinculadas con la salud a la secuenciación y manipulación-modificación de genomas, el diagnóstico y tratamiento genético de enfermedades, el desarrollo y producción de anticuerpos monoclonales, el desarrollo y producción de vacunas de ADN, la implementación de terapias génicas y celulares… Los biotecnólogos manipulan bacterias, virus, hongos, cultivos celulares, células madres embrionarias, embriones…  Por lo expuesto resulta, por lo menos curioso, que el Ministerio de Salud de la Argentina no incluya a los Licenciados en Biotecnología en la Resolución 404/2008 entre los profesionales matriculables vinculados al “arte de curar” o que realicen actividades de colaboración en tal sentido. Máxime cuando en el Artículo 5 de la resolución figuran bioquímicos, farmacéuticos, nutricionistas y profesionales de análisis clínicos…Es decir que no existe control desde el Ministerio de Salud sobre cuantos biotecnológos hay en el país, que están haciendo y como  están haciendo esa utilización de los seres vivos  o partes de seres vivos para dar soluciones a nuestras necesidades en la salud, la alimentación, la energía y el medio ambiente (definición de biotecnología). Dios nos ampare. 
Lecturas complementarias: 
Resolución 404/2008
Protocolo de Cartagena.

sábado, 31 de mayo de 2014

Biotecnología y salud pública.

Existe en la sociedad una percepción creciente sobre la biotecnología y su capacidad para mejorar la salud de la población, así como el control y la erradicación de las enfermedades. En tal sentido podemos comentar que en la actualidad hay 300 medicamentos de origen biotecnológico en el mercado y más de 800 medicamentos y terapias en prueba en humanos para su aprobación. Dentro del conjunto podemos cita,r a modo de ejemplo, tanto vacunas para profilaxis como vacunas terapéuticas, entre ellas, 39 para combatir distintos tipos de cáncer.  También cabe destacar el aporte biotecnológico al diagnóstico genético para la elección de los tratamientos-medicamentos más adecuados. No menos importante para la salud  de la población resulta todo lo concerniente a la revolución en la alimentación producida por los nuevos alimentos transgénicos, su estricto control y la posibilidad real de comenzar a incursionar en  dietas genogenéticas. A pesar de su crecimiento exponencial, la biotecnología moderna es relativamente nueva, se inicia en 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante. Por mera coincidencia la Ley de semillas 20.247, vigente en la actualidad, se sancionó el mismo año (1973) por lo cual no contiene nada referido a biotecnología, con el contrasentido de ser nuestro país uno de los primeros en sembrar semillas transgénicas y de constituir el sector más importante de su economía actual. En los organismos relacionados con la salud pública no estamos mucho mejor, ya que a pesar de existir en el país más de 10 universidades con carreras de biotecnología, al no matricular a los “novedosos” biotecnólogos ignoran cuantos son, dónde están y qué están haciendo. Tenemos una salud pública para la cual la biotecnología todavía no existe en sus normativas, una salud pública anclada en los años 70.  Así la mejora de la salud de la población queda supeditada a la iniciativa privada en forma azarosa y con objetivos de lucro creciente.