domingo, 2 de febrero de 2014

La guerra ahora visible: el hombre vs los genes.

Richard Dawkins en su libro de divulgación “El gen egoísta” (The Selfish Gene) publicado en 1976 establece que el gen es la unidad evolutiva fundamental. Los seres vivos son, pues, meras máquinas de supervivencia para los genes. En tal sentido los seres humanos son utilizados por los genes para perpetuarse en el tiempo y el hombre deja su lugar central para convertirse en un soporte descartable de la herencia genética. ¿Puede la arrogancia humana permanecer indiferente ante tal perspectiva? La respuesta se comienza a vislumbrar a partir de 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante y el nacimiento de la ingeniería genética, pero adquiere mayor relevancia a partir del año 2013 con la posibilidad de la secuenciación masiva de genomas. El hombre ahora puede tomar el control de la situación cambiando el destino de la perpetuación de ciertos genes e intentar prevalecer de algún modo. Aparece la posibilidad de “silenciar genes problemáticos” para que no se expresen, seleccionar embriones (previo diagnóstico genético preimplantatorio) en la fertilización asistida, para cortar líneas genéticas conducentes a graves enfermedades hereditarias, realizar terapias génicas,…
Un campo de batalla, donde la inteligencia del hombre concebida para sobrevivir lo suficiente de modo de perpetuar a los genes se tradujo en armas científicas-tecnológicas para intentar dominarlos. El hombre para vivir cada vez más en su viaje a la inmortalidad debe indefectiblemente regular-dominar a los genes y su expresión. Si bien es una guerra entre contendientes que se necesitan mutuamente, el resultado final luego de centurias o milenios probablemente tenga un solo ganador: el gen egoísta inmortal o el hombre inmortal.
Alberto L. D'Andrea.

Lectura complemenaria:
La guerra invisible: el hombre vs los genes.