sábado, 2 de agosto de 2014

Volver a lo pequeño.

En 1922, el bioquímico soviético Alexander Ivanovich Oparín,  publicó una pequeña obra titulada "El origen de la vida" en la cual dice que la vida “son miles de millones de reacciones químicas coordinadas en el tiempo y en el espacio según un orden de renovación continua…” Cuando esa cadena se interrumpe se pierde toda la energía ligada a las reacciones químicas, irrumpe la muerte y aparece el estado de rigidez  cadavérica. Luego de muchos siglos el hombre aprendió a hacer construcciones o ingeniería con los átomos y las  moléculas dando origen a la nanotecnología. No debemos pensar en la nanotecnología como algo para crear vida, para hacer construcciones a nivel atómico-molecular dinámicas, sí como algo para hacer, en la misma dimensión, construcciones atómico-molecular estáticas tendientes a apuntalar lo viviente desde la salud, la energía y el micro-macro medio ambiente.
Aquella famosa frase del astronauta Neil Armstrong "Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad" tal vez la podríamos relacionar con otra “Es un gran salto para la humanidad este nanopaso del hombre”.