sábado, 8 de julio de 2017

¿Bioeconomía real o globalizada?

El avance científico-tecnológico, sustentado por el desarrollo de modelos atómicos confiables en la primera mitad del siglo XX y, potenciado fundamentalmente por su crecimiento exponencial en los últimos 67 años, queda reflejado por el incremento del CO2 debido al megaconsumo de energía fósil inherente y por el incremento en el promedio de vida conducente a un aumento, en los últimos 67 años, de 5000 millones de habitantes en el planeta. Pasamos de 2500 millones en 1950 a 7500 en el año 2017 lo que pareciera indicar una floreciente la vida humana en la tierra. No obstante, si bien el avance científico-tecnológico produjo una mejora cuantitativa importante en cuanto al promedio de vida, con perspectiva a corto plazo de superar los 100 años, trajo aparejado graves problemas con tendencia a acelerarse: aumento desproporcionado de la población mundial, aproximación a la “carga máxima de la tierra” (10.000 millones de habitantes), fuerte incremento en la demanda de energía, alimentos y servicios de salud,  aumento de la contaminación en general producto de la mayor cantidad de habitantes y de la actividad del hombre, peligrosa acumulación de gases que conducen al calentamiento global, declive constante de la diversidad biológica ante la apropiación de más espacios físicos por el hombre, falta de trabajo, concentración de los recursos en pocos habitantes y un ascenso de lo irracional.  En el contexto planteado la economía de pensamiento único, en la cual lo económico predomina sobre lo político y el mercado soluciona todos los problemas del sistema en concurrencia con la competitividad y el libre intercambio, no puede dar respuestas a las demandas de la sociedad. De los 7500 millones de habitantes actuales, casi 1000 millones no pueden comer si alguien no le proporciona alimentos y 6000 millones están fuera de una vida garantizada.  El intento histórico más reciente de romper con la inconveniencia actual de la economía partió de Nicholas Georgescu-Roegen, uno de los pensadores más notables y profundos de la economía moderna; él lanzó dos torpedos críticos a la economía vigente en sus libros Analytical Economics (1966) y  The Entropy Law and Economic Process (1971) en los cuales centra las problemáticas económicas actuales en el divorcio entre las teorías económicas y el cumplimiento de las leyes de la naturaleza. Para los economistas de pensamiento único todo es un ciclo de producción y consumo, pero para la naturaleza esto no constituye un ciclo, es sólo un gasto unidireccional de energía y recursos naturales no renovables en el tiempo que se consumen. El auguró por lo tanto un gran fracaso en la economía mundial, fracaso evidente ante la cantidad, en tiempos cada vez más cortos, de  crisis económicas. Nicolás Georgescu-Roegen señalo como única solución posible la aparición de ciencias-tecnologías capaces de generar en tiempo y forma los recursos naturales necesarios para llegar a un nuevo tipo de equilibrio en la Tierra.
Paulatinamente, debido al incremento exponencial de las innovaciones tecnológicas, se avanza hacia un incesante aumento en la capacidad de producir en forma sustentable con posibilidades de dar soluciones alternativas altamente efectivas ante la inacción de la desbordada economía de mercado.

La bioeconomía real.
La biotecnología con su capacidad transformadora de la naturaleza aparece como la tecnología “prometeica“ buscada por Georgescu-Roegen en respuesta a las problemáticas planteadas por su economía física basada en la función entropía. Hoy podemos definir a la bioeconomía real como una economía basada en la biotecnología con la habilidad de generar en tiempo y forma los recursos naturales renovables, con su acervo de 65 millones de genes y la ingeniería genética, para dar respuestas a necesidades socioeconómicas tales como la demanda de energía, alimentos, disminución de los gastos en salud y cuidado del medio ambiente, generando a su vez trabajo e ingresos en forma sustentable.  
Pareciera ser que la mejora se orienta a un Plan B, centrado en avanzar hacia la Bioeconomía cuya base científico-tecnológica es la Biotecnología y su motor productivo es la Biofábrica transgénica. Decía Georgescu-Roegen “Si la vida es lo más importante, la economía debiera ser una rama de la biología y no la vida un apéndice de la economía como plantea la economía actual”.

La bioeconomía globalizada o de conveniencia.
Los países desarrollados engloban bajo la denominación de bioeconomía a la  actividad económica que se nutre de la investigación y la innovación en las ciencias biológicas, en un intento por mantener subordinada a la naturaleza a un contexto económico ficticio. Una bioeconomía de conveniencia para disfrazar la crisis mundial en la cual las medidas de política económica recomendadas fallan en forma sistemática ante el asombro de los propios economistas quienes ven cómo las recetas aprendidas en la mayoría de las universidades no funcionan.

¿Ahora?
Es el momento apropiado de avanzar con una bioeconomía tendiente a paliar el ocaso de la economía de pensamiento único en su carrera por continuar con la acumulación del poder en desmedro de la mejora cualitativa de la vida en la Tierra. 
Debemos distinguir las voces de los ecos, la incidencia productiva de la tecnología actual nos permite incursionar en  una economía moderna, centrada en las necesidades del hombre, en el respeto de las leyes de la naturaleza y en la optimización de sus recursos generosos. 


Lectura complementaria: