A lo largo de la historia, la humanidad ha atravesado diversas
revoluciones tecnológicas, entendidas como cambios profundos en los modos de
producción, organización social y relación con la naturaleza. Sin embargo, en
las últimas décadas del siglo XX y en las primeras del siglo XXI asistimos a un fenómeno distinto: no una
revolución aislada, sino a convergencias tecnológicas, es decir, la
articulación sinérgica de múltiples campos científicos que, al interactuar,
generan cualidades completamente nuevas.
En este marco emergen tres grandes convergencias: la TIA (Tecnologías de la Información y la Automatización, 1975- ), la NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Información y Ciencias Cognitivas, 2001- ) y, en el presente artículo, se presenta la NIA, basada en la integración profunda entre Nanotecnología e Inteligencia Artificial. Esta última marca un punto de inflexión: el inicio de una etapa en la que la inteligencia ya no depende necesariamente de la biología.
Las revoluciones tecnológicas: industrial, eléctrica, digital, transformaron
herramientas, procesos y economías. Las convergencias, en cambio, transforman
la estructura misma de lo real, integrando dominios antes separados.
La primera gran convergencia, la TIA, reorganizó el mundo en torno a la
información, la automatización y la conectividad. La segunda, la NBIC,
incorporó la vida, la mente y la materia a escala nano, generando un nuevo
paradigma donde el ser humano comenzó a intervenir sobre sus propios
fundamentos biológicos y cognitivos.
Pero es en la tercera convergencia, la NIA, donde se produce un quiebre
conceptual más profundo. El límite del gen y el agotamiento del paradigma
biológico.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el descubrimiento del ADN colocó
al gen en el centro de la explicación de la vida. La biotecnología, la
ingeniería genética y la biología sintética consolidaron la idea de que
comprender y modificar el código genético equivalía a comprender y modificar la
vida misma. Sin embargo, con el avance del siglo XXI, ese paradigma comenzó a
mostrar sus límites. La epigenética, la teoría de sistemas complejos y la
neurociencia demostraron que la vida no puede reducirse a una secuencia
genética. El comportamiento, la conciencia y la inteligencia exceden al gen. En
este punto, la convergencia NIA introduce un desplazamiento radical: la
inteligencia deja de depender de un soporte biológico. Aparece en la tercera convergencia
(NIA) una inteligencia sin biología.
“Aparece en la tercera
convergencia tecnológica una inteligencia sin biología”
La integración entre nanotecnología e inteligencia artificial permite el
desarrollo de sistemas capaces de aprender, adaptarse y tomar decisiones sin
recurrir a procesos orgánicos. Chips neuromórficos, arquitecturas cognitivas
artificiales, sensores a escala nanométrica y sistemas auto-organizados
configuran una nueva forma de inteligencia funcional. Los robots humanoides con
software cognitivo avanzado ya no son simples máquinas programadas, sino
entidades capaces de interactuar, interpretar contextos y modificar su
comportamiento. En este escenario, los genes dejan de ser necesarios para que emerja la inteligencia. Aunque pueda transferirse
nuestro software mente a un cerebro artificial y avanzar hacia un humano
robotizado inmortal, ya ni siquiera se trata de imitar al ser humano, sino de
crear una inteligencia de otra naturaleza en la cual la nanotecnología le confiera
la infraestructura necesaria actuando como el sustrato material de esta transformación.
"... ni siquiera se trata de imitar al ser
humano, sino de crear una inteligencia de otra naturaleza..."
La nanotecnología permite diseñar dispositivos donde lo físico y lo digital se fusionan,
habilitando niveles de miniaturización, eficiencia y autonomía inéditos. Gracias
a ella, la inteligencia artificial deja de ser exclusivamente software y se
convierte en un sistema encarnado, distribuido y adaptable.
La convergencia NIA
no suma tecnologías: redefine el concepto mismo de inteligencia. Mirando más
allá del gen estamos ante una nueva etapa evolutiva. La tercera convergencia
tecnológica no anuncia el fin de la biología, sino su descentramiento. El gen
deja de ser el único portador de información significativa. La evolución ya no
ocurre solo por selección natural, sino también por diseño tecnológico. Estamos
ante una transición civilizatoria: de una evolución biológica lenta e
inconsciente, a una evolución tecnocognitiva acelerada y deliberada.
La pregunta central ya no es qué puede hacer la tecnología, sino qué tipo
de humanidad y de inteligencias, estamos dispuestos a crear.
Alberto L. D'Andrea
Bibliografía
La guerra invisible: el hombre vs los genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y
Nanotecnología al Instante ( infobiotecnologia.blogspot.com) 11/01/12.
La guerra ahora visible: el hombre vs los genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y
Nanotecnología al Instante. 02/02/14.
Del gen egoísta hasta la inmortalidad sin genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante. 02/09/17.
Los genes nos impiden desentrañar el origen de la vida y el universo. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y
Nanotecnología al Instante. 19/10/19.
La IA, el eje de una nueva convergencia tecnológica: NBIA. Alberto L. D'Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante. 16
de agosto 2024.
Cuando los robots y los drones aprendieron a aprender. Alberto L. D'Andrea. Biotecnología y
Nanotecnología al Instante. 13 de abril 2025.
Fin del primer cuarto del siglo XXI. Paralelismo entre 1925 y 2025 en
la cosmovisión del futuro. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y
Nanotecnología al Instante. 23/12/25.
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