miércoles, 11 de enero de 2012

La guerra invisible: el hombre vs los genes.

Richard Dawkins en su libro de divulgación “El gen egoísta” (The Selfish Gene) publicado en 1976 establece que el gen es la unidad evolutiva fundamental. Los organismos son, pues, meras máquinas de supervivencia para los genes. En tal sentido los seres humanos son utilizados por los genes para perpetuarse en el tiempo y el hombre deja su lugar central para convertirse en un soporte descartable de la herencia genética. ¿Puede la arrogancia humana permanecer indiferente ante tal perspectiva? La respuesta se comienza a vislumbrar a partir de 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante, el nacimiento de la ingeniería genética y las técnicas biotecnológicas en general. El hombre ahora puede tomar el control de la situación cambiando el destino de la perpetuación de ciertos genes e intentar prevalecer de algún modo. Aparece la posibilidad de “silenciar genes problemáticos” para que no se expresen, seleccionar embriones (previo diagnóstico genético preimplantatorio) en la fertilización asistida, para cortar líneas genéticas conducentes a graves enfermedades hereditarias, realizar transgénesis en animales y vegetales… Del vertiginoso desarrollo biotenológico surge también un constante incremento en el promedio de vida con la probabilidad consecuente para el individuo de aumentar sus mutaciones puntuales y de sufrir modificaciones epigenéticas (modificaciones heredables en la expresión de genes que no se encuentra en la secuencia del ADN). Un campo de batalla, donde la inteligencia del hombre concebida para sobrevivir lo suficiente de modo de perpetuar a los genes se tradujo
 en armas científicas-tecnológicas para intentar dominarlos. El hombre para vivir cada vez más en su viaje a la inmortalidad debe indefectiblemente regular-dominar a los genes y su
expresión. Si bien es una guerra entre contendientes que se necesitan mutuamente, el resultado final luego de centurias y milenios probablemente tenga un solo ganador: el gen egoísta inmortal o el hombre inmortal.