domingo, 15 de abril de 2012

La revolución del conocimiento y la ortodoxia educativa.

Científicos y economistas, alertaron  sobre  las tres revoluciones a superar por el planeta para sobrevivir. La primera es la revolución atómica, la segunda la revolución de  la información y la tercera la biotecnológica, con sus respuestas a  la superpoblación en campos como  la  salud, alimentación, la energía y  el medio ambiente. Las tres tienen un común denominador para  su manejo y superación: el aumento del conocimiento. ¿Cuántos países contribuyen significativamente al incremento del conocimiento universal y su manejo? Son muy pocos y concentran el 94% del total de los conocimientos producidos. Más de 150 países en conjunto solo producen un 6% del total de los nuevos conocimientos de la humanidad. En un estudio, el Instituto Técnológico de Massachussets (MIT), mediante complicados cálculos logró determinar que en el año 1975 la humanidad podía duplicar el conocimiento cada 12 años. En 1995 la humanidad podía duplicar el conocimiento cada 10 años y medio. Hoy se duplica en 5 años y se estima que para el año 2020 en áreas del conocimiento como la ingeniería genética, la química y la informática el conocimiento aumentará al doble cada 73 días. Si un  alumno inició la universidad en el  año 2006 y egresó en el 2011, muchos de los conocimientos adquiridos  ya le  son obsoletos y otros necesarios, desconocidos.
Las universidades ortodoxas sin reflejos para generar nuevas carreras integradoras y con pocos espacios curriculares para el cambio  y la proyección del futuro se van convirtiendo paulatinamente en espectadoras de la rápida evolución del conocimiento, marginando a sus egresados y a su país del grupo selecto  poseedor  del 94% del total de los conocimientos producidos. Una arista pedagógica básica de la problemática: en las instituciones educativas se enseña a resolver problemas, cuando en realidad se debiera enseñar a pensar el problema. No es lo mismo resolver un problema que aprender a pensar globalmente un conjunto de variables para poder  manejar un conjunto de problemas futuros que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar. Otra arista de la problemática. ¿Cuánto tardaremos en incorporar carreras integradoras como una “Licenciatura en Tecnologías de Convergencia-NBIC” (nanotecnologia, biotecnología, informática y cognotecnología)?
¿Están preparadas las universidades, los procesores y los futuros alumnos para salir del ser conservador y de la ortodoxia educativa ante la veloz evolución del conocimiento. Los biotecnólogos sí.