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miércoles, 31 de diciembre de 2025

El ocaso del gen como centro de la evolución

A lo largo de la historia, la humanidad ha atravesado diversas revoluciones tecnológicas, entendidas como cambios profundos en los modos de producción, organización social y relación con la naturaleza. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo XX y en las primeras del siglo XXI  asistimos a un fenómeno distinto: no una revolución aislada, sino a convergencias tecnológicas, es decir, la articulación sinérgica de múltiples campos científicos que, al interactuar, generan cualidades completamente nuevas. 


En este marco emergen tres grandes convergencias: la TIA (Tecnologías de la Información y la Automatización, 1975- ), la NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Información y Ciencias Cognitivas, 2001- ) y, en el presente artículo, se presenta la NIA, basada en la integración profunda entre
Nanotecnología e Inteligencia Artificial. Esta última marca un punto de inflexión: el inicio de una etapa en la que la inteligencia ya no depende necesariamente de la biología.
Las revoluciones tecnológicas: industrial, eléctrica, digital, transformaron herramientas, procesos y economías. Las convergencias, en cambio, transforman la estructura misma de lo real, integrando dominios antes separados.
La primera gran convergencia, la TIA, reorganizó el mundo en torno a la información, la automatización y la conectividad. La segunda, la NBIC, incorporó la vida, la mente y la materia a escala nano, generando un nuevo paradigma donde el ser humano comenzó a intervenir sobre sus propios fundamentos biológicos y cognitivos.
Pero es en la tercera convergencia, la NIA, donde se produce un quiebre conceptual más profundo. El límite del gen y el agotamiento del paradigma biológico.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el descubrimiento del ADN colocó al gen en el centro de la explicación de la vida. La biotecnología, la ingeniería genética y la biología sintética consolidaron la idea de que comprender y modificar el código genético equivalía a comprender y modificar la vida misma. Sin embargo, con el avance del siglo XXI, ese paradigma comenzó a mostrar sus límites. La epigenética, la teoría de sistemas complejos y la neurociencia demostraron que la vida no puede reducirse a una secuencia genética. El comportamiento, la conciencia y la inteligencia exceden al gen. En este punto, la convergencia NIA introduce un desplazamiento radical: la inteligencia deja de depender de un soporte biológico. Aparece en la tercera convergencia (NIA) una inteligencia sin biología.

“Aparece en la tercera convergencia tecnológica una inteligencia sin biología”

La integración entre nanotecnología e inteligencia artificial permite el desarrollo de sistemas capaces de aprender, adaptarse y tomar decisiones sin recurrir a procesos orgánicos. Chips neuromórficos, arquitecturas cognitivas artificiales, sensores a escala nanométrica y sistemas auto-organizados configuran una nueva forma de inteligencia funcional. Los robots humanoides con software cognitivo avanzado ya no son simples máquinas programadas, sino entidades capaces de interactuar, interpretar contextos y modificar su comportamiento. En este escenario, los genes dejan de ser necesarios para que  emerja la inteligencia. Aunque pueda transferirse nuestro software mente a un cerebro artificial y avanzar hacia un humano robotizado inmortal, ya ni siquiera se trata de imitar al ser humano, sino de crear una inteligencia de otra naturaleza en la cual la nanotecnología le confiera la infraestructura necesaria actuando como el sustrato material de esta transformación. 

"... ni siquiera se trata de imitar al ser humano, sino de crear una inteligencia de otra naturaleza...

La nanotecnología permite diseñar dispositivos donde lo físico y lo digital se fusionan, habilitando niveles de miniaturización, eficiencia y autonomía inéditos. Gracias a ella, la inteligencia artificial deja de ser exclusivamente software y se convierte en un sistema encarnado, distribuido y adaptable. 

La convergencia NIA no suma tecnologías: redefine el concepto mismo de inteligencia. Mirando más allá del gen estamos ante una nueva etapa evolutiva. La tercera convergencia tecnológica no anuncia el fin de la biología, sino su descentramiento. El gen deja de ser el único portador de información significativa. La evolución ya no ocurre solo por selección natural, sino también por diseño tecnológico. Estamos ante una transición civilizatoria: de una evolución biológica lenta e inconsciente, a una evolución tecnocognitiva acelerada y deliberada. 
La pregunta central ya no es qué puede hacer la tecnología, sino qué tipo de humanidad y de inteligencias,  estamos dispuestos a crear. 

Alberto L. D'Andrea

Bibliografía

La guerra invisible: el hombre vs los genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante ( infobiotecnologia.blogspot.com) 11/01/12.  

La guerra ahora visible: el hombre vs los genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante.  02/02/14.

Del gen egoísta hasta la inmortalidad sin genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante. 02/09/17.

Los genes nos impiden desentrañar el origen de la vida y el universo. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante.  19/10/19.

La IA, el eje de una nueva convergencia tecnológica: NBIA. Alberto L. D'Andrea.  Biotecnología y Nanotecnología al Instante. 16 de agosto 2024.

Cuando los robots y los drones aprendieron a aprender. Alberto L. D'Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante. 13 de abril 2025.

Fin del primer cuarto del siglo XXI. Paralelismo entre 1925 y 2025 en la cosmovisión  del futuro. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología y Nanotecnología al Instante.  23/12/25.



sábado, 27 de diciembre de 2025

The decline of the gene as the centre of evolution

Throughout history, humanity has undergone various technological revolutions, understood as profound changes in modes of production, social organization, and relationships with nature. However, in the final decades of the twentieth century and the early years of the twenty-first, we are witnessing a different phenomenon: not an isolated revolution, but technological convergences, that is, the synergistic articulation of multiple scientific fields which, through their interaction, generate entirely new qualities.

Within this framework, three major convergences emerge: TIA (Information Technologies and Automation, 1975–), NBIC (Nanotechnology, Biotechnology, Information, and Cognitive Sciences, 2001–), and, as presented in this article, NIA, based on the deep integration between Nanotechnology and Artificial Intelligence. The latter marks a turning point: the beginning of a stage in which intelligence no longer necessarily depends on biology. Technological revolutions, industrial, electrical, digital, transformed tools, processes, and economies. Convergences, by contrast, transform the very structure of reality, integrating domains that were previously separate.

The first major convergence, TIA, reorganized the world around information, automation, and connectivity. The second, NBIC, incorporated life, mind, and matter at the nanoscale, generating a new paradigm in which human beings began to intervene in their own biological and cognitive foundations. But it is in the third convergence, NIA, that a deeper conceptual rupture occurs: the limit of the gene and the exhaustion of the biological paradigm.

During the second half of the twentieth century, the discovery of DNA placed the gene at the center of the explanation of life. Biotechnology, genetic engineering, and synthetic biology consolidated the idea that understanding and modifying genetic code meant understanding and modifying life itself. However, as the twenty-first century advances, this paradigm has begun to show its limits. Epigenetics, complex systems theory, and neuroscience have demonstrated that life cannot be reduced to a genetic sequence. Behavior, consciousness, and intelligence exceed the gene. At this point, the NIA convergence introduces a radical shift: intelligence ceases to depend on a biological substrate. In the third convergence (NIA), an intelligence without biology emerges.

    “In the third technological convergence, an intelligence without biology emerges.

The integration of nanotechnology and artificial intelligence enables the development of systems capable of learning, adapting, and making decisions without relying on organic processes. Neuromorphic chips, artificial cognitive architectures, nanoscale sensors, and self-organizing systems configure a new form of functional intelligence. Humanoid robots with advanced cognitive software are no longer merely programmed machines, but entities capable of interacting, interpreting contexts, and modifying their behavior. In this scenario, genes are no longer necessary for intelligence to emerge. Although it may be possible to transfer our mind-software to an artificial brain and move toward an immortal robotized human, the issue is no longer imitation of the human being, but the creation of an intelligence of a different nature, in which nanotechnology provides the necessary infrastructure by acting as the material substrate of this transformation. Nanotechnology makes it possible to design devices where the physical and the digital merge, enabling unprecedented levels of miniaturization, efficiency, and autonomy. Thanks to this, artificial intelligence ceases to be purely software and becomes an embodied, distributed, and adaptive system.

The NIA convergence does not add technologies; it redefines the very concept of intelligence. Looking beyond the gene, we are facing a new evolutionary stage. The third technological convergence does not announce the end of biology, but its decentralization. The gene ceases to be the sole bearer of meaningful information. Evolution no longer occurs only through natural selection, but also through technological design. We are witnessing a civilizational transition: from a slow, unconscious biological evolution to an accelerated and deliberate techno-cognitive evolution.

The central question is no longer what technology can do, but what kind of humanity, and what kinds of intelligences, we are willing to create.

Alberto L. D’Andrea

Bibliography 

The Invisible War: Man vs. Genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). January 11, 2012.

The Now Visible War: Man vs. Genes. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). February 2, 2014.

From the Selfish Gene to Gene-Free Immortality. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). September 2, 2017.

Genes Prevent Us from Unraveling the Origin of Life and the Universe. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). October 19, 2019.

AI, the Axis of a New Technological Convergence: NBIA. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). August 16, 2024.

When Robots and Drones Learned to Learn. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). April 13, 2025.

End of the First Quarter of the 21st Century. Parallelism Between 1925 and 2025 in the Worldview of the Future. Alberto L. D’Andrea. Biotecnología & Nanotecnología al Instante. (infobiotecnologia.blogspot.com). December 23, 2025.



viernes, 25 de marzo de 2022

La tercera convergencia, un viaje hacia atrás en el tiempo.

Richard Feynman, Premio Nobel de Física por sus trabajos en la electrodinámica cuántica dice “un positrón es un electrón viajando hacia atrás en el tiempo” “es el mismo electrón viajando delante y atrás en el tiempo” (The theory of positrons-1949). 
En la actualidad podemos identificar dos grandes convergencias tecnológicas: las TICs (Tecnologías de la Información y Comunicación) situadas en el último cuarto del siglo XX y las NBICs (Nano, Bio, Info y Cognotecnología) al comienzo del siglo XXI. 
El presente artículo postula la tercera convergencia producto de un viaje hacia atrás en el tiempo para corregir “un error” en nuestro diseño original. 
El sol es la única fuente de energía que ha abastecido y abastece a las “fábricas de vida”, las células. Los vegetales aprovechan directamente esa energía mediante su acopio o empaquetamiento foto-sintético. En todas las células de los individuos del reino animal la incorporación de energía se hace a través de la ingesta de vegetales (herbívoros) y de animales (carnívoros) quienes a su vez comen animales alimentados con vegetales. Un ciclo de aprovechamiento energético en el cual intervienen miles de procesos y reacciones bioquímicas factibles de múltiples fallas conducentes en última instancia a la muerte. Los seres humanos podrían haber tomado en forma más simple la energía necesaria o haber evolucionado con los milenios para captar directamente la luz solar, pero esto no ocurrió, tal vez por “un error” de la naturaleza. Richard Dawkins en su ensayo “El gen egoísta” (The Selfish Gene), dice otra cosa, señala al gen como la unidad evolutiva fundamental. Los seres vivos son, pues, meras máquinas de supervivencia para los genes. En tal sentido son utilizados para perpetuarse en el tiempo dejando el hombre su lugar central en el universo para convertirse en un soporte descartable de la herencia genética. Expresado así, el concepto de descartable o mortal implica un mecanismo exprofeso (no error) para regular su existencia al tiempo mínimo necesario.
En el artículo “Los genes nos impiden desentrañar el origen de la vida y del universo” (18/10/2019) decíamos “La rebeldía del hombre se comienza a vislumbrar a partir de 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante, el nacimiento de la ingeniería genética y las técnicas nano y biotecnológicas en general. A partir de las experiencias de ADN recombinante, del silenciamiento de genes con la técnica de ARN de interferencia (ARNi) y la nueva edición genética “in vivo” con el sistema CRIPR-Cas 9, el hombre comienza a tomar el control de la situación para remediar ciertos problemas genéticos e intentar extender su vida de algún modo”. Se espera a partir de la segunda mitad del siglo XXI, que los avances liderados por la nanotecnología nos permitan pasar del hombre celular mortal al hombre robotizado inmortal a través de un software-mente introducido en un cerebro artificial lleno de nanochips neuromórficos y memristores. Un robot sin requerimiento de agua, alimentos, oxígeno, células, ni genes. 
Un Homo nanus independizado de lo biológico. Entonces es cuando ha de surgir la tercera y última convergencia tecnológica: las NICs (Nano, Info y Cognotecnologías) un viaje hacia atrás en el tiempo para subsanar el “error biológico” de la mortalidad y tal como decíamos en “La guerra invisible el hombre vs los genes” (31/08/2017) pueda primar definitivamente el hombre robotizado inmortal sobre el reinado de las líneas genéticas y el hombre celular mortal.
Alberto L. D'Andrea
Lecturas complementarias:

Bibliografía:
Richard Dawkings. El gen egoísta. Oxford University Press. Inglaterra.1976
Richard Feynman. The theory of positrons. Physical Review. Vol 76, Número 6. 1949
Umberto I. Gallasso. Célula, Simbiosis y Cáncer. Buenos Aires. 1982.

sábado, 27 de noviembre de 2021

La economía de ayer, de hoy y de mañana

La globalización constituye un proceso económico, tecnológico, político, social y cultural a escala mundial potenciado por la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo. La convergencia tecnológica de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) ha generado un nuevo espacio social en el cual las capacidades de acción de los seres humanos se han ampliado al ser posibles las interacciones dinámicas virtuales. En el contexto descripto, las empresas TIC, en constante desarrollo, cumplen un papel preponderante en la globalización económica debido a su capacidad de integrar los mercados globales. Constituyen la tecnología central de la economía globalizada desde fines del siglo XX, es decir una economía globalizada con un motor tecnológico centrado en las TIC. A pesar de su importancia, dan respuestas concretas a una sola necesidad humana primaria: la comunicación. Las respuestas a las otras ocho necesidades humanas: salud, alimentos, energía, ambiente, vestimenta, vivienda, comunicación, transporte y defensa, requieren hoy de nuevas ciencias tecnologías integradas capaces de transformar la naturaleza: la nanotecnología y la biotecnología. 

La integración de las TIC con la nano y biotecnología producen una sinergia con crecimiento exponencial que, entre otras, permite avanzar hacia la comprensión de la cognociencia y sus aplicaciones: la cognotecnología. Aparece entonces a principio del siglo XXI una segunda y más integradora convergencia tecnológica, la de las NBIC (Nano, Bio, Info y Cognotecnologías). Las NBIC inician la transformación, el paso de la sociedad de la información hacia una sociedad multidireccional tendiente a dar respuestas integrales a todas las necesidades de los 7.800 habitantes del planeta. Esto implica pasar de la economía globalizada de las TIC responsable que hoy tengamos un planeta sin rumbo en lo económico y ambiental, por no haber considerado todas las necesidades de los humanos ni las leyes de la naturaleza, a una economía convergente centrada en las potentes respuestas que pueden brindar las NBIC a las problemáticas actuales y futuras.

Así como los primeros 30 años del siglo XX la Teoría Cuántica (Mark Planck 1900), el modelo atómico de Niels Bohr (1913) y el modelo atómico probabilístico (Erwin Schrödinger, 1926) sentaron las bases para un formidable crecimiento científico-tecnológico; en los primeros años del siglo XXI la convergencia de la nano, la bio y la infotecnología permitirán en la segunda mitad del siglo XXI ingresar a la era de la cognotecnología y resolver las preguntas: ¿mortales o inmortales?, ¿hombres y/o robots?

Ante el alerta roja de organismos internacionales por la problemática ambiental, tal vez indicadores como la proximidad a la “carga máxima de habitantes en la tierra” (10 mil millones), el aumento de la temperatura del planeta, la falta de agua-desertización, incendios forestales y pandemias cada vez con mayor frecuencia e intensidad, etc., estén anunciado la imposibilidad futura de la vida celular en el planeta. En tal contexto el avance de los cerebros similares basados en nanochips neurosinápticos y memristores, entre otros, y de los dos proyectos vinculados al mapeo y comprensión del cerebro humano (Human Brain Project-Europa y el Brain Activity Map-EE.UU) nos permitan, ante el momento tan temido del fin de las condiciones para la vida celular en el planeta, pasar nuestro software-mente a robots. Es decir convertirnos de humanos-celulares-mortales a humanos-robotizados-inmortales.   

El fin de era celular implicaría una nueva perspectiva económica sin necesidad de  todo lo relacionado con lo biológico, desde el dióxido de carbono y el agua (fotosíntesis), el oxígeno y los genes hasta los alimentos, la bioquímica y la medicina. Una economía centrada en una tercera convergencia correctiva de la segunda: una economía tecnológica sin bio, la economía NIC (Nano, Info y Cognotecnologías).  

Información Complementaria: La Convergencia de las Tecnologías Exponenciales y la Singularidad Tecnológica.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Universidad, convergencia y realización humana

El filósofo Edgar Morín nos describe un mundo complejo el cual requiere de individuos capaces de desarrollar pensamiento complejo para interactuar en él. La necesidad de integrar el conocimiento constituye la base para la comprensión en la complejidad. Las universidades del siglo XXI hacen exactamente lo opuesto, se ufanan de tener cada vez más carreras, 40, 50,…atomizando el conocimiento, alejando a sus estudiantes de la formación necesaria para el desarrollo del pensamiento complejo. Las empresas como si tuvieran un “pegamento mágico” organizan equipos multidisciplinarios para poder avanzar en un esfuerzo por integrar lo que la universidad atomiza. Los equipos pueden mejorar la performance empresarial pero sus integrantes no están capacitados para mejorar la suya ante la incertidumbre de lo complicado, no están capacitados para su realización personal en un contexto laberíntico. 
Converging Technologies for Improving Human Performance
La respuesta integradora se inicia con la llegada de dos grandes procesos de convergencia tecnológica secuenciales en el tiempo: las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y las NBIC (nano, bio, info y cognotecnologías). Las TIC conforman uno de los principales ejemplos de convergencia del siglo XX, han suscitado profundos cambios sociales, dando origen a la sociedad informática (informacional) al compatibilizar e integrar tecnologías de la información y comunicación muy relevantes, como el cine, la fotografía, la radio, la televisión, la informática y las telecomunicaciones generando ni más ni menos que un nuevo modelo de sociedad. No obstante la comunicación es solo una de las nueve necesidades humanas primarias y para entender, en un planeta sin rumbo en lo económico y ambiental, las respuestas necesarias en las ocho restantes: salud, energía, alimentos, ambiente, vestimenta, transporte, vivienda y defensa aparece una nueva convergencia del conocimiento, las NBIC y el gradual paso de la sociedad informática a la sociedad multidireccional. Como dice el profesor y filósofo de la ciencia Javier Echeverría el sistema NBIC es nanocósmico, y por tanto imperceptible a simple vista, no está al alcance de cualquier individuo, por ser una escala del mundo que, aun siendo real, no ha sido accesible a la percepción humana hasta hace pocos años, y ello gracias a la invención de microscopios que permitieron comprender todo desde una nueva óptica. El primer programa NBIC “Converging Technologies for Improving Human Performance” (National Science Foundation Department of Commerce. EEUU, Diciembre 2001) explica que su fin último no sólo es el conocimiento: “las tecnologías convergentes podrían producir enormes mejoras en las habilidades humanas, beneficios sociales y mejora en la calidad de vida”. 
Lejos están nuestras atomizadoras universidades de las NBIC. En el país existen más de 90 universidades con carreras vinculadas a la infotecnología, más de 25 con carreras de biotecnología, una con nanotecnología (2017) y ninguna con cognociencia o cognotecnología. Todas todavía en la primera convergencia tecnológica iniciada en el siglo XX y sin los espacios curriculares para avanzar armónicamente a la convergencia tecnológica del siglo XXI, las NBIC. Un lamentable límite a nuestra realización humana.

Lectura complementaria: